Suscríbete desde 3,99€/mes

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Contra el virus, Gobierno de concentración

Lo sabían. Lo ocultaron. Se burlaron y ridiculizaron a los que, como Vox, el 13 de febrero registraron preguntas en el Congreso, pidiendo el cierre de las fronteras por el coronavirus. “Fascistas”, les llamaron. Echenique, portavoz de Podemos, tuiteó el 25 de febrero: “Frente al pseudoperiodismo de los reporteros con mascarilla, frente al clickbait del ‘vamos a morir todos’, frente a la extrema derecha pidiendo cierre de fronteras por una gripe menos agresiva que la de todos los años, el rigor y la profesionalidad de Lorenzo Milá”. Echenique debería abandonar la vida pública. Más incomprensible es que no haya dimitido Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias. Tras la declaración de la OMS de alerta internacional dijo: “la epidemia tiene posibilidades de empezar a remitir y nosotros creemos que España no va a tener como mucho más allá de algún caso diagnosticado. Esperamos que no haya transmisión local. Y si la hay, será muy limitada y muy controlada”. Luego vino el 8M. ¿Se imaginan si con el PSOE y Podemos en la oposición, un presidente del Gobierno saliera tres días seguidos a comparecer con horas de retraso para anunciar que medidas que no hará efectivas hoy sino mañana? ¿Se imaginan si un presidente del Gobierno ocultase durante tres días la enfermedad de su esposa y el Vicepresidente se saltase las medidas de aislamiento con su esposa también infectada por el virus? ¿Se imaginan si aprovechando la salida espontánea de los ciudadanos para aplaudir a los sanitarios, desde el partido de gobierno se organizasen caceroladas contra el comunismo? Recordemos a los agitadores sociales del PSOE y Podemos rodeando sedes o llamando asesinos a ministros del PP por repatriar a un misionero enfermo de ébola, contagiarse una enfermera y sacrificar a un perro. Este virus los paramos unidos, sí; pero es un partido del Gobierno el que organiza las caceroladas contra la Jefatura del Estado. “Nos conviene que haya tensión”, dijo en su día Zapatero. La oposición leal calla porque cree que más adelante llegará el momento de dirimir responsabilidades. Calla mientras la sanidad abandonada se desborda y que sin la generosa contribución desde el sector privado estarían aún peor (afortunadamente Amancio Ortega ha creado escuela). Apoyar una salida racional de esta crisis es lo contrario a apoyar a este Gobierno. Nos repiten que vienen semanas muy difíciles, con muchísimos muertos. No nos merecemos que sigan en el Gobierno Iglesias, Ábalos, Calvo o Montero. El Gobierno que administre el estado de alarma que durará varios meses no puede ser el mismo que nos ha traído hasta aquí. La oposición debe ofrecer al PSOE una salida para que, cuando haya que renovar el estado de alarma, pueda ser un Gobierno de Concentración Nacional, incluso encabezado por Pedro Sánchez, el que tome las riendas. Un Gobierno formado por profesionales y buenos comunicadores (no manipuladores) para salir de esta crisis, sanitaria primero, y económica y social después. Un gobierno que pueda afrontar la terrible situación que se nos avecina. Si la oposición sigue apoyando cada paso de este Gobierno como si no pasará nada, la crisis será más larga y grave. Urge que todos dejen a un lado otros intereses y entren a formar parte de un Gobierno de Concentración Nacional. Tenemos ejemplos de qué es lo que funciona. Tras la II Guerra Mundial, Alemania quedó dividida: por un lado, la Occidental, liderada por el liberal europeísta Konrad Adenauer (aprovechen el encierro para leer su biografía) y por otro la Comunista. Un PSOE socialdemócrata moderno no puede ser responsable de que la crisis económica nos vaya a hacer más daño que la pandemia. La unidad hace necesaria un Gobierno de Concentración Nacional. Es ahora, mientras combatimos al virus, el momento de eliminar impuestos, rebajar la recaudación del estado a mínimos y recortar el gasto público improductivo (eliminando ministerios y subvenciones a partidos, sindicatos y colectivos de toda índole). Suspender las cuotas y cotizaciones a los autónomos y pymes. Las políticas redistributivas no están dirigidas al bien común sino al bien de grupos sociales específicos. En una economía de guerra como la que se nos plantea, cada lector sabrá qué intereses le mueven para defender las políticas de este Gobierno. Lo sabían. Lo ocultaron. Se burlaron de los que lo advertían. Reaccionaron mal y tarde. Provocarán una crisis económica grave. Y encima piden que te calles y no les critiques. Pues mira, no. Merecen todo el apoyo de la sociedad los que en sus trabajos están luchando para ganar esta batalla y los que perderán sus trabajos en las próximas fechas. Ese español anónimo que, como siempre, en los momentos más difíciles de la historia, sabe estar a la altura de las circunstancias. Que Dios nos asista a todos, sin excepciones.

Para continuar leyendo, suscríbete al acceso de contenidos web

¿Ya eres suscriptor? Inicia sesión aquí

Y para los que quieren más, nuestras otras opciones de suscripción

Compartir el artículo

stats