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Vicente Magro Servet

La eficacia del distanciamiento social

Siempre se nos había dicho que había que intentar mantener una postura social de acercamiento hacia los demás y que las actuaciones personales debían estar siempre enfocadas hacia la proximidad y no hacia el alejamiento en las relaciones sociales. Sin embargo, las cosas están cambiando, y van a cambiar. Porque cuando se alce el estado de alarma nada va a ser otra vez como antes.

Es evidente que la normativa que se establezca al efecto el día después fijará una serie de comportamientos por parte de los ciudadanos sobre normas de prevención que estarán marcadas por el alejamiento, evitando el acercamiento. Es decir, todo lo que se nos había dicho que era lo positivo en las relaciones sociales vamos a tener que resetearlo y mentalizarnos para establecer una línea roja que, en materia de prevención personal y social, no se podrá cruzar. Y ello será difícil porque nuestra forma de estar se enmarca en un contexto de acercamiento y no de distanciamiento. Porque los españoles, justo igual que los italianos, somos personas de proximidad y no de alejamiento. Por eso, el distanciamiento social obligatorio, como medida de prevención, va a costar desde el primer día en que se levante el estado de alarma, ya que de forma intuitiva e inconsciente la ciudadanía va a volver a intentar esa proximidad en los establecimientos públicos. Pero es ahí donde habrá que cambiar la mentalidad y ser conscientes de que mientras se encuentre una vacuna que nos inmunice a todos, la costumbre tendrá que modificarse como medida de protección personal y social.

Sería absolutamente dramático que por un contagio masivo por incumplir las normas de prevención tuviéramos que volver de nuevo al 15 de marzo y tener que encerrarnos todos en nuestros domicilios por otros dos meses más para volver a luchar en los hospitales contra una segunda pandemia por incumplir las normas preventivas que será preciso adoptar. Por ello, es cierto que habrá que ser intransigentes con las posturas que tiendan al acercamiento. Y no se trata de ser maleducado o grosero con los demás, sino una necesaria adaptación a un modus vivendi nuevo que habrá que tener mientras dure el periodo de tiempo que haga falta para que se encuentre la vacuna de la inmunidad. Porque este virus no ha sido tan leve como se anunciaba en un principio, sino que ha sabido cómo hacer daño en el cuerpo del humano y atacar aquellas zonas más vulnerables de las personas a las que se ha llevado. No ha sido una gripe normal, sino que tiene un poder destructivo y dañino en aquellas personas que han contado lo mal que lo han pasado por haber tenido la mala suerte de sufrir una carga viral importante, y que les ha dejado destrozados en los días que ha durado su recuperación. Algunos han sido fuertes y han podido superarlo, pero a otros se los ha llevado injustamente este virus que ha demostrado en todo el mundo el gran poder de destrucción que tiene. Por eso no podemos dejar a la suerte de que no nos afecte la carga viral importante, sino que hay que estar precavidos, porque si nos protegemos todos al final protegeremos a toda la sociedad.

Resulta, por ello, absolutamente importante que no exista un descuido social y un relajamiento cuando se alce el estado de alarma. Y el problema de la pandemia no se acaba el día en que se inicia la desescalada, sino que será el primer día de una nueva forma de vivir que no tiene que ser mala, pero sí que habrá que actuar de otra manera distinta a como lo hemos hecho hasta ahora. Con mayor medidas de prevención, y evitando el contacto directo, pero haciendo las cosas que hacíamos antes, aunque de otra manera.

El relajamiento puede ser nuestro mayor enemigo si no nos damos cuenta de lo que nos ha pasado, de la cantidad de vidas que se lleva este virus y de que sería un absoluto desastre y un fracaso moral y psicológico tener que volver a empezar en el mes de julio o agosto como si fuera el 15 de marzo y el hundimiento económico y laboral que podría producir en el país.

Tenemos que pensar en las terribles consecuencias que ello produciría y la necesidad de tener que trabajar y actuar con prevención para poder levantar el país psicológica y económicamente, siendo más fuertes que antes. Pero siempre tendremos que mirar hacia atrás para no equivocarnos y poder evitar el daño que toda la sociedad a nivel mundial ha sufrido. Es decir, aprender para no volver a caer.

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