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Anguita, un político honrado

Anguita consiguió convertirlo de nuevo, en el marco de Izquierda Unida, en una fuerza con significativa presencia en la vida política y parlamentaria

Ha muerto Julio Anguita. Su trayectoria vital, tanto personal como política, me merece el máximo respeto. Asumió la dirección de un PCE, postrado políticamente desde las elecciones de 1982, que había perdido todo su protagonismo anterior en el seno de la izquierda española. Anguita consiguió convertirlo de nuevo, en el marco de Izquierda Unida, en una fuerza con significativa presencia en la vida política y parlamentaria. Logró además imprimir en su liderazgo un aura de honradez y rectitud no muy frecuentes en la actividad política.

La indudable revitalización de la opción comunista en España durante su etapa de secretario general reviste incluso mayores proporciones si se compara con la debacle que experimentaron el resto de partidos comunistas europeos durante dicha etapa. Pero esa circunstancia adquiere tintes paradójicos al contemplar como esa revitalización no dio paso con Anguita a una trasformación del PCE similar a la operada en el comunismo italiano mediante el abandono de un proyecto político cuyo fracaso se había hecho más que evidente tras la caída del Muro y la descomposición del bloque soviético.

El impulso electoral del PCE e Izquierda Unida proporcionado por el liderazgo de Anguita coincidió con un acusado desgaste el PSOE motivado por un extraordinario aumento del paro, que llegó a alcanzar casi el 25 por 100 en 1994, y con los negativos efectos de una corrupción generalizada que deterioró seriamente el liderazgo de Felipe González y podía permitir por tanto capitalizar el descontento que se estaba originando en el campo de la socialdemocracia. La opción de Anguita, sin embargo, no se centró en conquistar parte del espacio político del socialismo democrático mediante un cambio en las tradicionales señas de identidad del comunismo.

El importante aumento del voto de IU en las elecciones europeas de 1994 (13,44%) hizo concebir a Anguita, por el contrario, la posibilidad de desbancar al PSOE y convertir IU en la formación política mayoritaria de la izquierda mediante el rechazo y la denuncia de las políticas de ajuste para la convergencia monetaria europea puestas en marcha por el último Gobierno de González. La estrategia del denominado sorpasso se reveló pronto, sin embargo, como totalmente ilusoria. La denuncia contra el PSOE por dichas políticas de ajuste no solo no beneficiaba electoralmente al PCE e IU sino que se traducía en un triunfo de la derecha cuyo programa abogaba precisamente por un más estricto cumplimiento de las políticas de convergencia para acceder a la Unión Monetaria.

Las sucesivas elecciones europeas de 1999 (5,77%) y legislativas de 2000 (5,45%), marcaron un retroceso del PCE-IU con una pérdida de más de la mitad de su anterior respaldo electoral. El fracaso de la estrategia del sorpasso cerraba así el ciclo del liderazgo de Anguita, un político honrado y firme en sus convicciones pero quizá incapaz de acomodar estas a las nuevas realidades del cambio de siglo tras la implosión del comunismo en Europa. A finales de la década de 1990, abandonó la secretaría general del PCE y posteriormente la presidencia de IU, en el marco de una nueva crisis de ambas formaciones y afectado ya por los problemas cardiovasculares que veinte años después le han causado la muerte. Que la tierra le sea leve.

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