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Opinión

Maldito ictus

A mediados del pasado mes de octubre, mi médico neuróloga doña Ana Pampliega, me diagnosticó, tras los exámenes y pruebas correspondientes, que padecía el llamado «mal de Parkinson», noticia ésta que recibí sin sorpresa ya que en los últimos meses venía padeciendo los síntomas de esta enfermedad, pensé que a partir de entonces mi vida en la calle transcurriría del brazo de mi esposa MªAmparo y del bastón.

El 24 de diciembre por la mañana, cuando había acabado de desayunar en compañía de mi mujer, mi hija Elena y mi yerno Pepe, al levantarme sufrí la paralización de mis piernas como consecuencia de haber sufrido un ictus, gracias a que me encontraba acompañado, pudimos llamar urgentemente al servicio de emergencias, trasladándome al Hospital General de Alicante, mi Nochebuena transcurrió en el box de la UCI, pasando unas horas que no se las deseo a nadie, pensando en mi familia, en la preocupación que debían estar pasando. En un momento en que me encontraba llorando por las circunstancias de mi situación recibí el apoyo y consuelo de la enfermera que estaba esa noche de guardia, Bárbara, que además de estar pendiente de las labores propias de enfermería demostró ser una persona con una gran calidad humana, con una empatía y un cariño que también es muy necesario para los pacientes en estos casos.

Tras salir de la UCI y pasar por la planta de Neurología me trasladaron al Hospital de San Juan, curiosamente en la ambulancia que me trasladó también iba otro paciente que había sufrido un ictus y había pasado el mismo proceso que yo, y con el que, una vez llegados al Hospital de San Juan, íba a compartir la misma habitación.

Durante los 15 días que estuvimos compartiendo habitación, Avelino junto con su mujer y sus dos hijos, se comportaron conmigo y mi familia como si nos conociéramos de toda la vida, a veces las circunstancias que vivimos nos hacen crear lazos de amistad en poco tiempo mucho más fuertes que los que podamos tener con personas que conoces de toda la vida, y aun ahora, recibo sus llamadas de teléfono y sus mensajes de cariño de él y su familia que demuestran el gran aprecio mutuo que nos tenemos.

No olvidaré nunca la Nochevieja en compañía de nuestras familias, poniendo en su móvil mi música preferida de Neil Diamond, y también que gracias a él pudiera reencontrar a un gran amigo del que hacía más de 30 años que no sabía, Antonio Magraner, anteriormente notario en Benidorm y actualmente en Madrid, y que en cuanto Avelino le llamó y le dijo que compartíamos habitación, me visitó en el hospital.

Durante mi estancia, que duró casi un mes, conocí a gente valiosísima, grandes profesionales, pero sobre todo y principalmente, grandes en el trato con los pacientes, cariñosos, siempre con una sonrisa, especial mención a Maribel Díaz Ortega, auxiliar de clínica, y al celador Vicente Garrido Mas. Pero todo el personal, Leire Gonzalez, Vero, Isabel, Silvia, Lola (con sus pendientes de estrellas de mar), Paloma, Almudena, Sonia, Rosa (con sus bonitas gafas rojas), Yolanda, Verónica (que me trajo roscón casero el día de Reyes), Ana, Fernando, los fisios Raúl y Fran, los médicos Pedro López y Juan Rayón, la señora de la limpieza, y todos los que no he podido recordar

He tenido la inmensa suerte de conocer gente estupenda, como Manolo, cuyo padre también compartió habitación conmigo, y tristemente falleció al poco tiempo de salir del hospital.

La experiencia vivida me ha hecho recordar intensamente a los seres queridos que ya no están, mis padres, a mi hermano José Antonio, a mis tíos Luis, Juan, Enriqueta y Juanele, y amigos a los que llevaré siempre en el corazón, José Antonio Peral, Javier Mexia, Quino Domenech, y Carlos de la Torre.

Y sobre todo dar gracias a Dios, de la enorme suerte de tener a mi familia unida, a mis hijos siempre pendientes de mí y de su madre, de redescubrir que tengo unos nietos que fundamentalmente son y serán buenas personas, con ello el título de este artículo no debería ser maldito sino bendito ictus.

Porque siempre en la vida hay un lado bueno en lo que nos pasa, y en este caso lo vivido ha tenido una parte mucho más positiva que mala.

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