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Arturo Ruiz

Opinión

Arturo Ruiz

¿Solo Policía?

Este verano que viene ya tan huérfano de tantas cosas tampoco tendrá durante la noche de Sant Joan / San Juan fuegos iluminando el mundo. Los ayuntamientos han prohibido las hogueras esa madrugada pero han hecho algo más: han cortado por lo sano impidiendo directamente el acceso a las playas. No habrá botellones ni aglomeraciones ni música de desatada contaminación acústica; pero tampoco familias mojándose los pies siete veces para pedirle a los dioses de la primavera que se lleven a las profundidades del océano tantas tristezas que ha dejado este invierno; ni grupos de amigos acatando la distancia social mientras observan en calma la revolución que el crepúsculo arma en el cielo; ni solitarios sin otra compañía que su propia alma más o menos atormentada (ahí no me meto) celebrando el amanecer del día 24 con un baño a primera hora de la mañana con el universo recién puesto. No habrá nada y la policía vigilará para que así sea. No sé si me explico: si me pillan el matiz. No seré yo quien critique la decisión que han asumido alcaldes de ideología tan diversa, desde el de Alicante, Luis Barcala, del PP, hasta el de Dénia, Vicent Grimalt, del PSOE: entiendo que eviten riesgos innecesarios ahora que atisbamos la esperanza después de tiempos tan duros. Pero me entristece. Y me entristece que no entristezca más. Todos los consistorios demuestran que no se fían de su ciudadanía y a lo peor es que tienen razón y por eso, por si acaso, prefieren meter en el mismo saco a justos (que hay muchos) con pecadores. Me pregunto hasta cuándo vamos a gobernar a base de decretos de prohibición y dispositivos policiales y cuándo recuperaremos el consenso social y la responsabilidad colectiva; cuándo los ciudadanos volveremos a hacernos mayores y a fiarnos unos de otros; cuándo nos dejarán (y nos dejaremos) cumplir las normas contra los contagios sin que nos vigilen drones y patrullas policiales; cuándo asumiremos (y nos dejarán asumir) la diferencia que existe entre acudir a una playa para saludar con pausa a unos pocos dioses o hacerlo para montar indeseables discotecas callejeras junto al mar.

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