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Opinión

Alicante: un modelo de innovación bottom-up que debe inspirar a Europa

Durante largos años los alicantinos hemos sido testigos de la conformación de un complejo ecosistema digital en nuestro entorno. Un entramado de pequeñas empresas capaces de destacar en sectores de vanguardia, y con una agilidad que no se espera en un lugar, nuestra costa mediterránea, que invita a propios y extraños al sosiego y el relax.

Cuando estábamos en plena fase de redacción de nuestro libro Europa frente a EE.UU. y China. Prevenir el declive en la era de la IA por suerte éramos ya muy conscientes de todo este ecosistema así como de su importancia en la provincia y su economía. Pero no habíamos profundizado en cómo se había gestado, ni si era un fenómeno que se repetía en el resto de España. Al hacerlo pudimos poner nombre a dos modelos con enfoques y resultados muy distintos de impulso emprendedor: los modelos top-dow (de arriba a abajo) y bottom-up (de abajo a arriba).

Las diferencias entre ambos podrían resumirse en que mientras el primero está impulsado por Administraciones o grandes organismos públicos o privados capaces de movilizar inversiones, crear macroeventos o enfocar políticas de desarrollo, el modelo «de abajo a arriba» se caracteriza por una dinamización de su tejido productivo desde casi la marginalidad, a la sombra de la economía analógica o incluso de la cultura del pelotazo, pero que termina por imponerse y recibir el reconocimiento que merece.

En el libro Prevenir el declive en la era de la IA ponemos dos ejemplos muy claros de modelo top-down: Barcelona, que en los últimos 20 años ha impulsado la imagen de capital digital del Mediterráneo gracias a 22@Barcelona, el instituto ICREA o el World Mobile Congress, y Málaga, sede del Parque Tecnológico de Andalucía, todo un ejemplo de cooperación y colaboración entre Ayuntamiento, Gobierno regional y sistema universitario para potenciar el emprendimiento y la especialización tecnológica.

Pero sin duda el efecto más positivo es que esta dinámica está contagiando a nuestros sectores más tradicionales, especialmente el turismo, industria en la que encontramos ejemplos destacados como el área de innovación turística Invat-tur, o Dinapsis, el centro de innovación de Hidraqua y el grupo Suez en Benidorm, que ha sido noticia recientemente por su tercer aniversario y una efectiva apuesta por la aplicación de tecnologías disruptivas a nuestros destinos para impulsar un modelo sostenible e inteligente, que va desde la medición de la calidad del aire, hasta el análisis de movilidad tan necesario en plena crisis por el covid.

Como modelo bottom-up no hay duda de que Alicante es un ejemplo sobresaliente. A diferencia de Barcelona o Málaga, la apuesta en el Gobierno valenciano, pero también en el balear o en el de Murcia, ha estado tradicionalmente mediatizado por sus grandes inversiones vinculadas al turismo, al entretenimiento o a cualquier otra actividad ajena al mundo digital. Recordemos que se prefirió Terra Mítica, Ciudad de la Luz o la Fórmula 1 a otros proyectos como el Club de Inversores o el MedPark de la Universidad de Alicante.

La gran crisis de 2008 provocó la caída del modelo financiero-inmobiliario, y cuando se despejó el polvo de su derrumbe afloró un «minifundismo digital» que había estado sobreviviendo a la sombra largos años. Un conjunto de casos de éxito que se había sostenido en las condiciones más precarias y difíciles, sin políticas gubernamentales de apoyo, sin aceleradoras, sin acceso a la financiación.

A día de hoy Alicante ostenta más casos de éxito empresariales digitales consolidados que Madrid y Barcelona juntos, dándose una interesante paradoja: en los últimos cuatro años las Administraciones han tratado de apoyar «desde arriba» la consolidación del sector, buscando fondos en sus vacías arcas para impulsar nuevas iniciativas, cerrándose así el círculo del modelo bottom-up.

En este nuevo entramado de empresas y Administraciones que apuestan por una renovación de nuestro entorno económico se ubica el Distrito Digital por parte de la Generalitat Valenciana, que ha iniciado la atracción de empresas de gran relevancia, o los esfuerzos de la Diputación y el Ayuntamiento de Alicante para complementar el impulso del Govern.

Como hemos visto, Dinapsis es otro ejemplo para la provincia de Alicante y la Comunitat Valenciana de colaboración público-privada y de alianzas, donde se han testado las iniciativas de primer nivel para el desarrollo territorial sostenible.

En definitiva, el modelo alicantino, basado en la dinamicidad de sus empresarios y emprendedores, se ha convertido en un modelo que bien podría seguirse en toda Europa. No negaremos que el apoyo gubernamental debiera haber llegado hace largos años, y que nuestra sociedad se hubiera beneficiado de una temprana apuesta por la economía digital. Pero es necesario celebrar el cambio de rumbo que presenciamos desde épocas recientes, y que nos permite presenciar cómo la apuesta de futuro de nuestras empresas empieza a ser respondida y apoyada por sus Administraciones.

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