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Francisco Esquivel

El Indiana de los rincones

Se vinieron encima no pocas sombras que han intentado digerirse porque la resistencia humana es versada pero están ahí y, poco a poco, habrá que tratar de solventarlas como se pueda. En esas ando.

Se le había ido su madre días antes y quise volver a acompañarlo desde la distancia requerida cuando sonó el chisme.

Alguien se anticipó para darme otra mala noticia. Al mensajero le costaba tragar, incapaz de enhebrar palabras como al darle el pésame a la viuda. El fallecido tenía en un pedestal a esa señora mayor a cuyo hijo estaba a punto de dar el toque y al que, en lugar apaciguar, propiné un nuevo mazazo. Lo que es la vida y la muerte.

Acababa de írsenos Jaime Córdoba a los tres. En diferentes celebraciones, ambos coincidieron en sentarnos juntos, con lo que tenía fiesta asegurada. Aproveché en una para pedirle sugerencias sobre un viaje sorpresa de aniversario que estaba tramando. De su mano, de la de Bonet y de la de Chari nos hemos sumergido en los rincones más seductores de la vieja Europa, ala asiática de Estambul incluida.

Al día siguiente recibí cuatro folios porque todavía existían. Como dispongo de otros tantos para quienes se acercan por los alrededores de la Giralda, estuve tentado de dárselos hasta que dejó caer que el pavía de bacalao del Rinconcillo ya no es lo que era y me los guardé, pero da mucho coraje.

Ya que se me había metido entre ceja y ceja, la primera noche probamos el carpaccio en el sitio donde se inventó precedido de un Bellini y bueno, el Harry's Bar, bien. Pero lo que nunca olvidaremos es la ostería que nos recomendó, con cuya media además compensamos la clavadita del antojo.

Al Mascaron es una taberna frecuentada por el vecindario, que hay que dar con ella en el entramado de Castello, en la que degustamos unos spaguetis al escollo que quince años después aún paladeo, a tiro de piedra de San Zaccaria, la iglesia en la que se casaron Natalia Figueroa y Raphael y en la que ni los invitados sabían a dónde iban. Siempre tuve para mi que aquello también fue cosa de Jaime.

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