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Opinión

Insolidaridad y el riesgo del regreso al confinamiento por los rebrotes

Las noticias relativas al confinamiento obligatorio de un edificio en Albacete y otro en Santander, así como los dos rebrotes virulentos que se han producido en Lleida y en Lugo, demuestran que las teorías acerca de que el calor iba a impedir el desarrollo del contagio del coronavirus no han producido el efecto esperado, y que, en consecuencia, el virus sigue estando ahí y nos amenaza en la mismas circunstancias y condiciones que lo hizo hace unos meses, pese al esfuerzo económico, psicológico y social que se ha hecho, así como la de muchos sanitarios que han expuesto su vida en esta misión. ¿Sería posible que volviéramos de nuevo al 15 de marzo? Nos preguntamos.

Pues la respuesta sería sin lugar a dudas que sí, y las pruebas están encima de la mesa, pese a que muchas personas que nos cruzamos todos los días no quieran atender este riesgo y miren hacia otro lado ante las noticias de los rebrotes, por un egoísmo exacerbado de que se vive mejor pensando que esto del coronavirus se ha terminado, que estamos en verano, que tenemos que vivir, que han pasado dos meses encerrados y hay que disfrutar y que me molesta llevar la mascarilla puesta. Esto es lo que se escucha en el argumentario de quienes están incumpliendo la exigencia del uso de la mascarilla, de guardar distancias de seguridad, y de evitar ir a eventos públicos con muchos asistentes y en donde no se guarda por nadie la normativa existente.

Por ello, el enemigo no es el virus, sino que lo tenemos en cada uno de nosotros con las muestras evidentes y pruebas de la insolidaridad que existe en la actualidad con el incumplimiento de las medidas que se han regulado por ley en cuanto a la obligación insistente del uso de la mascarilla y de la vigilancia de las distancias de seguridad; aspectos éstos que se siguen incumpliendo conforme cualquiera de nosotros sale a la calle. Sin embargo, frente a las noticias que se están produciendo de la existencia de numerosos rebrotes en todo el país y de que en dos provincias se ha producido ya el regreso al 15 de marzo, se sigue haciendo oídos sordos a las exigencias, que no recomendaciones, de que se use la mascarilla y que no se acuda a eventos sociales donde pueden congregarse cientos de personas

Debería destacarse y exigirse un incremento de la publicidad de la obligación del uso de la mascarilla y de la distancia de seguridad, así como la prohibición expresa de acudir a eventos con muchas personas, y, a ser posible, regularlo por ley, ya que se ha comprobado que la asistencia a eventos públicos de muchas personas se sigue haciendo sin mascarilla y sin observar la distancia de seguridad, que es lo que ha provocado la existencia de los rebrotes en edificios y en comarcas enteras.

Ni que decir tiene que si esto sigue así nos llevará en unos días, semanas, o meses, a un confinamiento generalizado de nuevo, y es ahí donde habría que empezar a buscar culpables, que los hay en todas aquellas personas que han infringido la normativa acudiendo a eventos públicos sin las prevenciones de seguridad, y saliendo sin mascarilla, pese a la existencia de una obligación por ley que así lo impone, y que ha sido desobedecida por un porcentaje elevadísimo de la población, para lo cual no hay nada más que salir a la calle y comprobar ese incumplimiento. Porque solamente se cumple este uso cuando te lo imponen en el acceso a un establecimiento público, o para acceder a un transporte, porque en caso contrario no se permite el acceso. Incluso se puede comprobar de una forma fácil que hay personas que acceden a establecimientos públicos y es cuando se ponen la mascarilla, y cuando salen de ellos se la quitan, cuando existe la obligación de que en esa vía pública también se utilice la misma por el contacto directo y permanente que existe al cruzarse con personas constantemente. No existe conciencia de que el uso de la mascarilla en la vía pública es una obligación. Porque es el egoísmo generalizado que existe en algunas personas lo que está provocando que se prefiera el ocio personal y la diversión más que la conciencia colectiva y la solidaridad de que todos debemos hacer lo posible por auto protegernos y por proteger al resto de la sociedad.

Mientras no se publicite de una forma extensiva la necesidad de estas medidas, e, incluso, aprobar alguna modificación legal que extremen estas exigencias el riesgo del rebrote y del confinamiento que ya tuvimos el 15 de marzo está encima de la mesa, lo que constituye constituiría un desastre económico y psicológico para todo el país.

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