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Los lobbies de la industria, el coronavirus y el desafío ecológico

No es por desgracia la primera vez, ni será por supuesto la última, que hay que poner el foco en la influencia excesiva y nada transparente labor de los poderosos lobbies de la industria sobre los parlamentos y gobiernos, así como ante la propia Comisión Europea.

Dos organizaciones no gubernamentales que analizan habitualmente el trabajo de esos lobbies en Bruselas - LobbyControl y el Observatorio de la Europa Corporativa- denuncian en un informe conjunto la falta de transparencia que rodea la labor de los grupos de presión tanto en Bruselas como en la capital alemana.

La industria trata de aprovechar ahora las consecuencias económicas y sociales de la pandemia del Covid-19 para diluir o incluso, en muchos casos, bloquear medidas destinadas a cumplir los plazos y objetivos previamente acordados por los países de la UE en la lucha contra el cambio climático.

Así, a pesar del escándalo conocido como Dieselgate - manipulación de los motores de diesel de los automóviles para fingir que emitían menos emisiones que los límites autorizados-, se ha permitido a la industria del motor mantener un modelo de producción de coches de lujo cada vez más pesados y potentes.

El ministro alemán de Economía, Peter Altmaier, escribió a su compatriota y correligionaria, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, para solicitar que no se le apliquen antes del 2030 a la industria automovilística los límites de contaminación por CO2 anteriormente acordados.

De hacer caso a las pretensiones de la industria del motor alemana, será imposible cumplir el objetivo acordado de una Europa "neutral en carbono" para mediados de siglo, denuncian en su informe las ONG.

En claro desafío a los ecologistas, el cristianodemócrata Altmaier se ha referido al gas natural como fuente de energía necesaria e incluso "sexy" -así la calificó-, y el Gobierno del que forma parte no ha dejado de trabajar para su inclusión a efectos fiscales entre las energías "limpias".

Al mismo tiempo, critican también las ONG, el Gobierno de coalición de Berlín - cristianodemócratas, cristiano-sociales bávaros y socialdemócratas- se ha negado hasta ahora sistemáticamente a apoyar las propuestas destinadas a introducir mayor transparencia en el funcionamiento interno de la UE.

El vicecanciller y ministro de Finanzas, Olaf Scholz, del partido socialdemócrata, es uno de los que han bloqueado, según aquéllas, la aplicación de un impuesto europeo a los gigantes tecnológicos norteamericanos como el que reclaman con urgencia varios países.

Esos y otros intentos de anteponer los intereses de la poderosa industria exportadora alemana al interés de los ciudadanos pueden suponer un baldón para la presidencia alemana de la Unión, advierten las ONG en su informe.

Es imprescindible la transparencia en el proceso de toma de decisiones tanto a nivel nacional como de la UE, según LobbyControl, que reclama la creación de un registro obligatorio de los lobbies que actúan en la capital alemana y que se den siempre a conocer las reuniones que los lobistas mantengan con ministros o parlamentarios.

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