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Opinión

Mascarilla

Hay que ponerse la mascarilla. No hay excusa. Las mascarillas van a perjudicar el floreciente negocio del blanqueamiento dental. Para qué, dirá alguno. No hay problema en no afeitarse. La cara cubierta, las intenciones también. Te ahorras saludar a según quién: no te reconoce. O tú a él tampoco. Ningún gobierno ha atinado a repartirlas. Ahora las imponen. Hay que llevar mascarilla. El diseño de las mismas es un cometido demandado. Las hay de colores, siniestras, con banderitas, con flores, de Mickey Mouse. Molan las de lunares. La mascarilla azulona es la de fondo de armario, como unos vaqueros y una camisa blanca. Las más sofisticadas las reservaremos para ocasiones especiales. Mascarillas en la playa, necesarias, pero oh, sí, tal vez disuasorias para algunos turistas. El sector hotelero de Ibiza, por ejemplo, ha protestado. El decano de los psicólogos de Málaga decía el otro día que no estamos preparados psicológicamente para otro confinamiento. De facto, nos invitan a él. Hay rebrotes. El virus baja de edad: se están produciendo contagios entre gente joven, esa que se cree inmortal. Yo prefiero ser inmortal con mascarilla. No tardará en haber dispensadores, máquinas de mascarillas por todos los sitios. Te sacas una bolsa de papas, una Coca Cola y una mascarilla. Pero te tomas tal aperitivo o «engañaestómago» ya en casa. El fumeque va a estar difícil. Le van saliendo a uno a bote pronto, que no a brote pronto, las ideas sobre la mascarilla y sus consecuencias. En algunas zonas, multa por no llevarlas. Ahí las arcas públicas van a sufrir un engorde. La ejemplaridad es llevar puesta una mascarilla. Hay que entrenar los ojos para decir cosas. Que sepan con mirarnos, que sepamos mirando, si el interlocutor ríe o está serio sin verle la boca. Malos tiempos para el pintalabios. Quitarle la mascarilla a otro o a otra como acto erótico. Tal vez poco recomendable, si bien, por el futuro de la especie habrá que seguir reproduciéndose.

¿Estudias o mascarillas? Mascarillas de segunda boca. A Dios rogando y con la mascarilla puesta. No por mucho madrugar te la quitas más temprano. Dentro de cien años, todos sin mascarilla. Bronceados pero con la marca de la mascarilla, igual que la marca del bikini o bañador. Sociedad embozada. Las autonomías van copiándose unas a otras. En estos momentos hay un presidente autonómico echando en falta en su fuero interno un estado centralizado, una orden clara y uniforme. Me gusta cuando callas, porque estás como mascarilla. Urgen greguerías sobre la mascarilla. Es la capa del rostro. La bufanda quirúrgica. Niño, tápate la boca que vas a coger frío. La vieja reconvención maternal tiene nueva coletilla: que vas a coger el virus. En mascarilla no entran moscas. El guerrero del antifaz mejor se compra una máscara. Ahora prohíben la capa y ya tenemos liado otro motín de Esquilache. La mascarilla nos iguala. Ojalá nos salve. Salve, mascarilla.

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