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Francisco García

Desviar la atención

El presidente de Cataluña, ese señor que habla tan mal castellano que no se le entiende, acaba de anunciar una querella criminal contra el Rey emérito por su supuesto enriquecimiento ilícito mediante comisiones a cuenta de las obras del AVE a La Meca. Este Torra atorrante mejor haría en arbitrar medidas para que la región que comanda no se le llene de infectados, que como no frene los contagios va a vender menos crema catalana a los turistas de aquí a septiembre que boletos de un concierto de Albert Pla en la sede de Vox. Desviar la atención es vieja táctica política que de antañona resulta gastada. A este señor se le ve venir de lejos la barretina: de corrupto a corrupto, habló de putas La Tacones. Torra empezó su mandato criticando que Madrid les roba, para denunciar tras la irrupción de la pandemia que Madrid los mata. Y ahora, para disfrazar su pésima gestión, pretende airear que la capital de España acoge la corte de una monarquía corrupta. Será que se le hace poco el condado de Barcelona y el ceremonioso principado de Gerona a este reyezuelo ávido de hacer patria y caja. Los gobernantes de esa región echan más balones fuera que Griezman. Y si pierden la partida, culpan al VAR o a una empresa madrileña. La autocrítica no aparece en la hoja de ruta del secesionismo. Incumplen la ley por norma y cuando llega la orden judicial ahuecan el ala, como Puigdemont, que tardó menos en cruzar la frontera que Pedro Sánchez en persignarse. Si hubiera manifestado el presidente de la Generalitat el mismo interés en reclamar tanta urgencia judicial para Pujol y su prole como para el padre casquivano de Felipe VI tal vez hace años que el mayor ladrón de la historia de este país llevaría una bola de hierro encadenada al pie.

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