30% DTO ANUAL 24,50€/año

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

¿Aula en septiembre o disco en verano?

El ocio nocturno de los jóvenes se convierte en bestia negra de la pandemia

Lo que está pasando hoy día con el ocio nocturno es una tragedia para los empresarios más que para los jóvenes. Es la ruina para esos autónomos, con fama canalla - no merecida- por vivir de la noche. A los que hemos llegado a cierta edad, y ya no frecuentamos esos lugares más que de oídas -por lo poco que cuentan nuestros hijos adolescentes-, nos preocupa más el desastre económico que nuestros jóvenes no sepan qué hacer después de medianoche. Así, los mantenemos, como gallinas cluecas, bajo nuestra ala protectora, o represora, según se mire. La criminalización de lo nocturno ha coincidido con la criminalización de la juventud misma. Nos equivocamos cuando tachamos a los jóvenes de irresponsables, de inconscientes, de no tener respeto al virus. Nuestros jóvenes no son todos así. Los que practican el botellón, los que no pueden vivir sin discotecas, los que beben o se drogan hasta el coma son la excepción. La mayoría de la juventud está en otras cosas. La pasada semana, una chica de Barcelona, bailona y provocadora, publicó un tuit diciendo: "Repetid conmigo, prefiero pisar un aula en septiembre que no una disco en verano". Cualquiera diría que la iban a linchar en las redes por empollona. Al contrario. La última vez que lo miré, iba por los 27.000 likes y los 6.000 retuits. María, a juzgar por su perfil con casi 10.000 seguidores, no es precisamente una ursulina. Algunos de sus tuits escandalizarían al más pintado. Cometeremos un error gravísimo si confinamos a nuestros jóvenes en el grupo de irresponsables, casi delincuentes. La brecha es ya suficientemente grande como para ensancharla aún más. No diré yo que toda nuestra juventud es como la juventud sana de Juan Bravo (barrio de Salamanca, Madrid), a la que ensalzaba, un día sí y otro también, Luis María Anson en las páginas de huecograbado de su "Abc" verdadero. No, afortunadamente, nuestra juventud es diversa y mucho más responsable que lo que los viejunos de hoy creemos. Se adaptan mejor que nosotros, viejos rutinarios y tozudos ya con mucho que perder y poco que ganar. A nosotros que nos quiten lo bailado, que si nos ponemos a recordar, para salvaje aquella generación. Aquí, en Gandía, el lugar de estas amargas vacaciones, han reinventado la sesión vermut de la vieja discoteca Madison. En turnos de mañana y tarde, el chiringuito llamado pomposamente Budda organiza sesiones de baile dirigidas por un animador en plena playa. Decenas de jóvenes, ataviados con sus mascarillas, manteniendo la distancia social, bailan frenéticamente regatón. Eso, sí, a las diez a casa, que es la hora decretada por la autoridad municipal para el cierre de los chiringuitos. Un brote camino de los cien casos ha obligado a la drástica prohibición del ocio nocturno. Son jóvenes y tiempo les queda para disfrutar de las madrugadas, si así lo desean, porque la juventud de hoy ha encontrado muchas más formas de ocio nocturno -y diurno- de las que nos podemos imaginar, más allá de las decadentes discotecas. A imaginación no les vamos a ganar.

Lo último en INF+

Compartir el artículo

stats