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Economía o salud

Hasta ahora se podía decir “el Covid-19” o “la Covid-19”, indistintamente. Las dos formas son correctas. ¿Por qué no empezar a decir también “lo Covid” como uno dice “lo aburrido”, “lo tedioso”, incluso “lo que no puede ser? Lo que no puede ser es que el monotema devenga pantema, pues contamina todo tipo de información, sea económica, cultural o rosa. Infecta los sueños, los ensueños y la filosofía. Monopoliza las conversaciones familiares, los diálogos amorosos y las reconvenciones que hacemos a los niños. Intente usted hablar en una reunión de cualquier asunto que quede fuera del pantema y verá cómo alguien encuentra enseguida el camino de vuelta al virus. Es como si al tratar de salir de un laberinto fuéramos reconducidos una y otra vez a su centro. Aquí estamos de nuevo porque la enfermedad afecta también a la geometría espacial, si existiera este tipo de geometría, que creo que sí. Intercambiábamos una vecina y yo recetas de cocina cuando por hache o por be nos precipitamos en el pantema del que huíamos. No hay sección de los telediarios en la que no aparezca, de un modo u otro, el bicho.

Esto se debe a que al Covid, la Covid o lo Covid, pues invade también los géneros gramaticales, le das la mano y te toma el brazo. Ha sido salir del confinamiento para recaer en las cifras de antaño. La dicotomía economía o salud (idéntica a la de la bolsa o la vida) se está traduciendo en que ni economía ni salud. Por un tubo sale la gente al paro y por el otro al hospital. A veces, los que van al paro son los mismos que van al hospital. Convivir con el maligno no es fácil cuando el que marca las reglas es el maligno. Antes de “lo Covid-19” la gente convivía con el capitalismo exagerado, o neoliberalismo, que nos trajo la estafa de 2008, también llamada crisis.

El neoliberalismo no afectaba a los pulmones, sino a la mente. Pero a la enfermedad mental nos habíamos acostumbrado: estábamos locos sin saberlo. Habría que empezar a decir también “lo capitalismo” como sinónimo de lo bipolar o lo psicótico. La tarde cae sobre mi estado de ánimo y un avión, que lleva dibujada en su morro una mascarilla quirúrgica, pasa por delante de mi imaginación.

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