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Fernando Ull

Lo que faltaba

Al revés que la mayoría de los medios de comunicación españoles, que han tratado de suavizar y no hacer evidente los motivos por los que Juan Carlos de Borbón ha abandonado España según indicó en un escrito firmado antes de su salida, la prensa y televisiones extranjeras han utilizado términos y expresiones que dicen a las claras la situación del rey Emérito, al referirse a la causa de su sorprendente cambio de residencia con palabras como corrupción, escándalos financieros, huida o problemas con ex amantes.

Como era de esperar han surgido voces que, al mismo tiempo que han defendido a capa y espada al rey Juan Carlos sin entrar a valorar las evidentes pruebas que el mismo interesado ha admitido al marcharse de manera voluntaria a vivir a otro país, han atacado de manera furibunda a todo aquel que haya puesto en duda, aunque fuese de manera leve, la honestidad del rey Juan Carlos. Lo primero que hay que recordar es que la principal responsable del descrédito paulatino que la monarquía ha atesorado en España en los últimos años ha sido la propia monarquía.

Los problemas comenzaron con Iñaki Urdangarín y su descarada actividad comisionista que puso en marcha prácticamente a los pocos meses de casarse con Elena de Borbón y que terminó por conducirle a la cárcel. En realidad Urdangarín se limitó a hacer lo que hacía su suegro por indicación de su esposa que por otra parte conocía la actividad paralela de Juan Carlos de Borbón y de cuyos efectos disfrutaba. Gracias a los llamados Papeles de Panamá supimos que Pilar de Borbón tuvo una cuenta en un paraíso fiscal durante casi 40 años sin que se haya dado ningún tipo de aclaración al respecto sobre el motivo de su apertura, su utilidad y los movimientos de dinero que pudo tener. Y desde hace unos meses hemos conocido la actividad paralela del rey emérito, gracias a las investigaciones de la justicia de Suiza, que nos ha deparado grandes sorpresas, como las comisiones que cobró de países árabes por hacer de relaciones públicas de los mismos y así blanquear el hecho de que sean dictaduras o que Corinna Larsen viviese durante varios años en una finca acondicionada a unos kilómetros de la Zarzuela, dentro de la zona del El Pardo, sin que trascendiese a la opinión pública española.

Por otro lado, hay que recordar que el origen de este escándalo (como lo llama la prensa extranjera) reside en la investigaciones de la fiscalía suiza que, a su vez, hizo intervenir a la justicia española por sus peticiones de información y de testimonio. No he podido evitar recordar la frase de Harry Lime en la película El tercer hombre (1949) con guion de Graham Greene que después convirtió en libro: 500 años de democracia en Suiza tuvieron como principal consecuencia el reloj de Cuco y poco más. Es esta aburrida democracia la que ha puesto contra las cuerdas no sólo al rey emérito sino a la propia monarquía española y no partidos políticos españoles contrarios a su existencia.

Es algo sabido y reconocido la fundamental labor que el rey Juan Carlos llevó a cabo durante la Transición para que la derecha española aceptase el regreso de la democracia a España. También su papel con ocasión del golpe de Estado de 1981 que, a pesar de las dudas que hayan sido objeto de debate, supuso que durase tan solo unas horas. Ambos aspectos tuvieron como principal consecuencia que durante los últimos 30 años haya habido un pacto de silencio alrededor de la figura del rey emérito, acerca de sus actividades comerciales y personales. Pero las sociedades cambian y los valores de hace cuarenta años no son los de ahora. España forma ahora parte de la Unión Europea. Los jóvenes viajan al extranjero con mucha mayor facilidad y asiduidad y pertenecen a movimientos solidarios que sin buscar ningún beneficio personal pretenden conseguir una sociedad más justa y solidaria. La mayoría de los miembros que conforman la amplia familia real, entendida no sólo como el núcleo central actual de los reyes y sus hijas, se han comportado como si perteneciesen a una clase especial que estuviese por encima del común de los mortales cuando lo que deberían haber hecho es dar las gracias a diario por vivir una vida privilegiada.

Lo que durante años constituyó la familiar real, en la que se incluía a los numerosos parientes del actual Felipe VI, nunca terminó de comprender que el hecho de que pudiesen volver a acceder a la jefatura de Estado, aunque fuese para llevar a cabo actuaciones de carácter testimonial, se debió a una deferencia de la izquierda española por el hecho de que Juan Carlos de Borbón consiguiese que la derecha española aceptase la reinstauración de la democracia en España tras el golpe de Estado de 1936 y una dictadura cruel y fascista. Pero hay que recordar que una cosa es el Estado y su composición en comunidades autónomas y otra la forma de Gobierno, es decir, monarquía parlamentaria o república. La estructura del Estado no se puede cambiar. La forma de Gobierno sí.

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