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Reflexiones sobre la COVID-19. Los rebrotes: los jóvenes y el ocio

En España es este momento hay más de 600 brotes activos, distribuidos por todas las comunidades autónomas. Mas de la mitad de estos brotes, son debidos a reuniones familiares y de amigos, y asistencia a bares terrazas y discotecas, un 19% son brotes 'mixtos', aquellos que se inician en el hogar y se desplazan a otros entornos, y un 24% ocurren en los lugares de trabajo, según los datos del Ministerio de Sanidad.

Mientras que los brotes familiares y de amigos tienen, en su mayoría un número pequeño de contactos entre dos y quince y los de los lugares de trabajo entre siete y trescientos, ambos son fácilmente identificables, sin embargo, los originados en locales de ocio, entornos sociales y playas y sobre todo de ocio nocturno, tienen unas características muy diferentes.

Estas actividades acumulan un número de participantes alto, en ambientes cerrados o abiertos en los que no se mantienen las medidas de protección adecuadas, ni mascarillas, ni distancia de seguridad, como estamos viendo en las imágenes que proyectan los medios de comunicación y las redes sociales, y que constituye un caldo de cultivo "de lujo" para la transmisión del coronavirus.

Desde que terminó el estado de alarma, estos brotes en lugares de ocio se han ido incrementando, debido a la relajación de las medidas de seguridad. Ha principios de julio fueron los de Ordizia en Guipuzcua, donde la mayoría de los positivos se estaban dando en el primer círculo entre personas desde los 18 a los 35 años, pero se empezaban a detectar contagios vinculados a este foco en personas entre los 55 y los 65 años en el segundo nivel, (Diario Vasco de 11 de julio) o el brote centrado principalmente en el barrio pamplonés de Mendillorri, que acumulaba un total de 193 positivos con un 50% entre 15-30 años (eldiario.es 30 julio de julio) seguidos de los Totana con 98 positivos procedentes de un pub o en las Atalayas con 70, ambos en Murcia (La Verdad 25 de julio) ligado especialmente al ocio nocturno, y con una incidencia muy centrada en cuadrillas de gente joven. En la última semana se han registrado brotes Madrid, Valencia, Gandía Benidorm, Peníscola, Alicante, Ibiza, Bilbao, Pamplona, Sevilla, Málaga, Torremolinos, Cullera, Matalascañas, Getxo, Valencia y Gandía y aumentan cada día.

Lo que parece es que la gente joven piensa que el virus les va a respetar, creencia inculcada probablemente por el mensaje que se transmitía en la primera fase de la pandemia, en que el COVID-19 se cebaba fundamentalmente en la gente mayor, respetando a la gente joven y niños, y que, aunque estos se infectaran sus consecuencias serían menos graves, o a una negación del peligro o de la existencia del virus, modelo Trump. Como argumenta Paul Kruger en el País del 19 de julio bajo el título "Se avecina el siguiente desastre" referido a Trump y los republicanos, que podría aplicarse al comportamiento de la gente joven en nuestro país. "Lo que parece es que estos piensan que le virus ya no está, o que si está a ellos no va a afectarles y como consecuencia no respetan las medidas de seguridad" y el peligro parece que ya ha llegado.

Los jóvenes y algunos no tan jóvenes, no son conscientes de que no solo se están poniendo en riesgo ellos mismos, sino a sus familias y amigos más íntimos en un primer nivel y a una población más amplia e incluso desconocida para ellos en el segundo. Se ven corrillos de adolescentes en bancos y parques, sin mascarilla y sin guardar la distancia de seguridad y tampoco se mantienen las medidas en fiestas, terrazas, chill-outs o discotecas o playas. Es difícil imaginar una fiesta en que se mantenga puesta las mascarilla y se guarde la distancia de seguridad, lo que unido a la necesidad de socializar de la gente joven, la llegada del verano después del confinamiento, en el que tradicionalmente se juntan las familias, se reúnen los amigos y donde centros de ocio, bares, restaurantes y discotecas o fiestas en casa particulares son los lugares preferido para reunirse, hacen que la situación sea difícilmente controlable, independientemente del número de rastreados que existan en las comunidades autónomas.

No son solo los jóvenes los que no respetan las medidas de seguridad, las empresas de ocio, y sobre todo de ocio nocturno, son incapaces de mantener las medidas de seguridad en su local y parece que tampoco son conscientes del peligro que entrañan las actividades masivas sin mantener la distancia o el uso de la mascarilla como requisitos indispensables. Tampoco parecen conscientes de cuando este incumplimiento, condiciona el cierre de un local, este acaba arrastrando otros locales de la zona, que, aunque cumplían las normas, se encuentran con un cierre injusto pero necesario. Varias comunidades están aplicando medidas restrictivas al ocio nocturno y otras se lo están planteando. El consejero de Salud de Andalucía, Jesús Aguirre, ha planteado el cierre de estos establecimientos porque considera que es "evidente que el ocio nocturno tiene un problema serio en los locales cerrados, ya que las posibilidades de contagio, principalmente por vía aérea, es un 20% más alto en estos establecimientos". Para solventar estos problemas y en contraposición al cierre, la organización empresarial del ocio nocturno de Andalucía de Noche, emitió un comunicado demandando a las administraciones la implantación de un registro sanitario en los locales de ocio para facilitar la detección de casos y la trazabilidad de los mismos, según indica el ABC de Andalucía del 21 de julio. Desde entonces, el adelanto del cierre a la 1,30 de la mañana, el registro de las personas y el cierre son medidas que están aplicando en mayor o menor grado en todas las autonomías.

Al ocio en locales registrados, hay que sumar la organización de fiestas, legales o ilegales en casas particulares, chalets o terrazas, que no respetan el aforo, ni cumplen las medidas de seguridad y que son focos de posibles contagios descontrolados y de difícil seguimiento. Esta puede ser una fiesta de amigos (manteniendo el aforo indicado por las autoridades sanitarias o no) o una fiesta ilegal en las que no hay ningún control de las personas que participan. Esto es el caso típico de lugares donde abundan los chalets aislados, como es el caso de las Baleares y donde proliferan este tipo de reuniones. Estas fiestas se escudan precisamente en su aislamiento geográfico y que salvo que haya vecinos cercanos que las denuncien son prácticamente imposibles de detectar, a lo que se suma que la Policía no dispone de las armas legislativas necesarias para poner fin a esta nueva forma de ocio nocturno. Como se está poniendo de manifiesto todos los días, las leyes van por detrás de la sociedad y no están preparadas para situaciones excepcionales como las creadas por el COVID-19.

El problema real de estos focos es que afectan a un elevado número de personas, con una dificultad añadida ya que la mayoría de los casos no son localizables" como indicaba Fernando Simón el 30 de julio. El cierre de dos discotecas en Valencia, donde las entradas se vendían por internet y por lo tanto los participantes estaban identificados, ha puesto de manifiesto un problema añadido, que a la dificultad de identificación de contactos, por desconocimiento o porque no se quiera delatar a los amigos, se añada el que la gente no quiera reconocer que ha estado en ese lugar, como ha pasado en Valencia donde más del 50% de las personas identificadas en las dos discotecas no se han presentado a hacerse la prueba PCR, con el consiguiente peligro de transmisión comunitaria, lo que obliga a tomar medidas más drásticas como el confinamiento. Daniel Lopez-Acuña, exdirectivo de la OMS para Situaciones de Crisis afirma que "el confinamiento es la única medida efectiva que tenemos para afrontar este tipo de transmisión. No creo que lleguemos a un confinamiento total como el anterior, pero sí creo que hay que hacer aislamientos perimetrales o confinamientos quirúrgicos para evitar la transmisión comunitaria". ¿Es eso lo que queremos? ¿La gente joven es consciente de esta posibilidad? Prefiero pensar que no lo son antes de pensar que no les importa los que les pueda pasar a ellos o a los demás y que sus acciones obligan a tomar medidas contraproducentes para la economía y muy perjudiciales para un sector de la población a nivel empresarial y personal por la inconsciencia, egoísmo e insolidaridad de unos pocos. No todos los jóvenes son unos irresponsables, pero muchos piensan que el peligro no existe o es mínimo y por lo tanto habría que hacerles llegar ese mensaje bien claro.

Es necesario concienciar a la gente joven de que las actuaciones de este verano van a repercutir en toda España durante el otoño y que las posibilidades de un nuevo confinamiento con todas sus consecuencias es cada vez más la única opción disponible. Como no creo que esto sea lo que desean, es necesario, en primer lugar, hacer una llamada urgente a un comportamiento de ocio y reunión responsable en el que se respeten las normas: mascarilla o distanciamiento y lavado de manos con gel hidroalcohólico y jabón constantemente, tampoco parece tan difícil y en segundo lugar, actualizar urgentemente la legislación para prevenir que los irresponsables, acaben poniendo en peligro, no sola la vida de sus conciudadanos, sino la economía y salud de todo el país.

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