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Vicente Magro Servet

Irresponsabilidades y el peligro del nuevo confinamiento

El incremento preocupante de las cifras de contagio, según los datos que se están notificando, empieza a hacer que nos remontemos a cifras semejantes a las del mes de marzo pasado cuando se decidió la situación del estado de alarma. Pero, sin embargo, ello no parece importar a muchos ciudadanos que siguen incumpliendo las recomendaciones y las obligaciones que se han impuesto desde la Administración Central y Autonómica, haciendo anteponer intereses personales sobre el ocio, la diversión, y la celebración de eventos y reuniones, a la situación exigente del interés general que se sitúa en la necesidad de adoptar los mecanismos de autoprotección y protección colectiva necesarios para conseguir vencer al coronavirus.

Todos aquellos que sufrieron la situación de obligado confinamiento ante el estado de la situación que se originó en todo el mundo parecen haber dejado en una parte de su cerebro aquellos momentos, para optar por la diversión, y ser colaboradores necesarios, e imprescindibles, del coronavirus en su decisiva batalla y campaña por propagarse por todo el país. Porque al virus le están viniendo de maravilla los incumplimientos de los ciudadanos. De aquellos que cuando "se recomendó" que había que llevar mascarilla se negaron en redondo a llevarla, "porque les molestaba", y que se elevó a cifras sobre el 60/70% de ciudadanos que no la llevaban puesta. Y cuando se ha hecho obligatoria su uso no hace falta nada más que salir a la calle para darnos cuenta de que un buen número de ciudadanos tampoco la lleva, incumpliendo de forma flagrante la orden dada, y otros muchos la llevan debajo de la boca, en el brazo o en la mano "por si detectan a la policía", es decir, pensando en que todo esto es una orden absurda y que no pasa nada por no llevarla, siendo una prueba más de la demostrada y probada absolutamente insolidaridad que ha reinado en estos meses tras el alzamiento del estado de alarma, al punto de han tenido que "obligar" su uso por norma jurídica ante el más que previsible y más que rotundo fracaso a la apelación a la "responsabilidad individual", la cual no ha existido por un sector de la población que está propiciando las cifras en que ahora nos movemos.

Y cualquier ciudadano de los prudentes y cumplidores, que los ha habido, y muchos, que han observado a los incumplidores que, paseando por la calle, o subiendo a medios de transporte, no usaban la mascarilla o la llevaban mal puesta se han tenido que callar y no reprochar nada al incumplidor, porque se han visto las situaciones de violencia que ello ha provocado cuando se reprocha al incumplidor su absoluta falta de solidaridad con la sociedad en general.

Además, en esta línea "colaborativa" con el virus resulta absolutamente sorprendente escuchar opiniones, que, desoyendo todas las recomendaciones que se están haciendo de restringir al máximo reuniones y eventos, optan por entender que no hay riesgo alguno de contagio en situaciones en las que el mismo es absolutamente evidente, cuando se juntan un importante número de personas, llegando a interpretar que la normativa aprobada apuesta y apoya todo tipo de reuniones, y lo defienden a capa y espada para anteponer la celebración de las mismas ignorando, o queriendo ignorar, la existencia del riesgo que está absolutamente constatado por las cifras que se están dando del incremento exponencial de los contagios en todo el país y las causas y razones de su provocación, precisamente, por juntarse personas y elevar la posibilidad de que unos contagien a otros y, así, sucesivamente. El caldo de cultivo propicio para el virus.

Sin embargo, parece que una parte importante de la ciudadanía, y muy numerosa, ha metido la cabeza en un agujero, y mira hacia otro lado, que es el de sus intereses personales, por encima del interés general de la sociedad que es el de acabar de una vez con la propagación del virus.

Si miramos, sin embargo, a otros países como Italia, nuestros vecinos italianos están demostrando una mayor comprensión con lo que ellos mismos pasaron, igual que nosotros desde el mes de febrero en adelante, ya que tienen un índice del 1% de contagio frente al 5% que estamos alcanzando nosotros. Y no es que allí en Italia las cifras hayan sido mucho mayores que las nuestras, sino que la reacción post confinamiento ha sido mucho mejor, más sensata, más comprensible y menos egoísta que la que se adoptado aquí, donde ha primado el ocio la diversión y el deseo de hacer reuniones y eventos a toda costa por encima de un interés general que es el que siempre debe primar por encima de los intereses particulares de los ciudadanos. Por ello, si las cifras siguen creciendo y se toma la decisión de confinamiento se habrá demostrado que la insolidaridad de muchos nos ha llevado a los demás a la misma situación ya vivida, y de la que será difícil salir esta vez

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