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Tiene uno la impresión de que las autoridades responden de manera robótica a nuestras preocupaciones.

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Y cuando hablo de autoridades, hablo no solo del gobierno, sino de la oposición y adláteres. La oposición es gobierno en la medida en que tiene la capacidad de influir en él. Cualquier forma de poder, especialmente el económico, es gobierno porque de sus decisiones depende la calidad de vida de los ciudadanos. Son gobierno los bancos, los grandes almacenes, las empresas constructoras y los conglomerados financieros que forman parte de la Bolsa. El gobierno, pues, es enorme, en un gigante, un Polifemo al que los ciudadanos de a pie no llegamos ni a la altura del empeine. Usted puede recibir hoy en su trabajo una llamada de Recursos Humanos por la que le comuniquen el despido. Y usted no puede hacer otra cosa que meter la foto de los hijos en una caja de cartón y salir silenciosamente de la empresa.

He dicho lo de la foto de los hijos y lo de la caja de cartón debido a un tic antiguo. En la mayoría de las grandes empresas la gente no ocupa ya un lugar fijo, sino que se sienta a la mesa que encuentra libre. No hay manera de llevar al puesto de trabajo un objeto personal para que lo acompañe como un fetiche durante la jornada. Uno de mis hijos, cuando era pequeño, entraba en la guardería con un caballito de plástico que no soltaba durante las horas que permanecía allí porque era el vínculo que lo unía con la familia. Nos aconsejaron que lo dejara en casa, sin comprender el significado simbólico del juguete, porque constituía un motivo de conflicto con los niños que pretendían arrebatárselo.

Se están perdiendo los significados simbólicos, incluso los significados a secas. Y quienes menos los entienden son, paradójicamente, los departamentos de recursos humanos. Los deberían llamar “recursos”, sin más. Es preferible ser despedido por un negociado de Recursos que por un departamento de Recursos Humanos en el que la humanidad brilla por su ausencia.

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Tal es la respuesta que me parece escuchar de los poderosos cuando volvemos la vista hacia ellos en solicitud de ayuda.

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