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Fernando Ull

El Watergate español

El expresidente del Gobierno Mariano Rajoy en la firma ejemplares de su libro "Una España Mejor" en Alicante

El expresidente del Gobierno Mariano Rajoy en la firma ejemplares de su libro "Una España Mejor" en Alicante

Gracias a las investigaciones judiciales llevadas a cabo en relación con el llamado caso Kitchen se han conocido algunos de los entresijos claves de los Gobiernos de Mariano Rajoy que, en un primer momento, fueron fuente de dudas. Las públicas y continuas desavenencias entre la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría y la ministra Dolores de Cospedal, el extraño comportamiento de Rajoy en relación con Luis Bárcenas o el grotesco episodio del falso cura que asaltó la casa de la familia Bárcenas, tuvieron un tufo a cloacas y a corrupción de baja estofa que parecían formar parte de un extraño puzle chapucero cuyas piezas comienzan a encajar gracias a la justicia.

El arrepentido. Francisco Martínez, ex secretario de Estado de Seguridad en el Gobierno de Mariano Rajoy cuando se produjeron los hechos que son objeto de instrucción judicial en la Audiencia Nacional, se enfrenta a una más que posible condena por varios delitos en relación con el caso Kitchen por dos motivos. En primer lugar, porque fue el encargado de llevar a la práctica y de vigilar el cumplimiento de la trama de corrupción y uso ilícito de fondos públicos cuyo objetivo era apropiarse de la documentación que poseía Luis Bárcenas en relación con el caso Gürtel. En segundo lugar, porque el juez instructor está trabajando con documentación que acredita los seguimientos a Luis Bárcenas y el uso del dinero público para financiar los gastos de esta operación que dirigió Martínez como ya ha admitido él mismo. Es lógico el temor que debe sentir Francisco Martínez por cuanto su situación procesal se agrava por días de la misma forma que ocurrió con Luis Bárcenas, que a pesar de sus amenazas de tirar de la manta nunca quiso o pudo hacerlo y se enfrenta a un cumplimiento efectivo de condena de algo más de quince años de prisión.

Llama la atención en relación con este escándalo - como ya ocurrió con el caso Gürtel - el hecho de que sea protagonizado por personas que en teoría son expertos en Derecho. A pesar de que Rajoy es registrador de la propiedad, Dolores de Cospedal abogada del Estado y Francisco Martínez letrado en Cortes Generales, de la documentación acreditada y de las conversaciones telefónicas que hemos podido escuchar gracias a las grabaciones que hacía el ex comisario Villarejo, se observa que debieron dejar a un lado sus grandes conocimientos en Derecho para saltarse la ley a la primera de cambio. Actitud, en cualquier caso, que ha sido siempre una constante en las élites españolas de derecha: estricto cumplimiento de la ley para todos excepto para ellos. Si tan claro tuvo Francisco Martínez la ilegalidad que le ordenó llevar a cabo el entonces ministro Jorge Fernández Díaz, después de escuchar la operación que se pensaba poner en marcha para robar toda la documentación posible a Bárcenas debería haber acudido al juzgado de guardia más cercano. De poco le va a servir ahora colaborar con la justicia.

El iluminado. Jorge Fernández Díaz fue elegido por Rajoy para ocupar la cartera de interior por la íntima amistad que les unía desde hace años. Según afirmó el ex ministro hace algún tiempo su unión al Opus Dei se produjo pasando unos días en Las Vegas. Qué vería el hombre que le hizo asustarse tanto. Pero unirse a esta secta ultracatólica le trajo algunas ventajas. La Virgen se le ha aparecido en varias ocasiones y tiene un ángel de la guarda que se llama Marcelo que le ayuda a encontrar sitio para aparcar el coche en la calle. Resulta muy difícil creer que la operación Kitchen fuese pensada y puesta en práctica por el ex secretario de Estado con la ayuda del ex comisario Villarejo sin que el ministro de Interior supiese nada. Para este operativo se movilizaron 70 agentes repartidos en turnos de día, tarde y noche que hacían seguimientos en coche y motocicleta, pero al parecer el ministro no sabía nada. La suerte de Fernández Díaz depende de las pruebas en forma de mensajes de telefonía móvil que pueda haber guardado Francisco Martínez.

Míster X. El principal beneficiario de este nuevo caso de corrupción del Partido Popular fue Mariano Rajoy. De los mensajes que le dio tiempo a publicar a Luis Bárcenas antes de que la llamada policía patriótica al servicio del Gobierno de Rajoy lograse apropiarse, presuntamente, de más documentación, recordamos aquel famoso “Luis, se fuerte. Hacemos lo que podemos”. Qué tendría Bárcenas para que cundiera tanto miedo en la sede de Génova del PP como para que un ministro, amigo íntimo del presidente, montara semejante operación de espionaje sin pensar por un momento en la posibilidad de que fuesen descubiertos. Ahora se puede comprender mejor la actitud de Mariano Rajoy el día de la moción de censura que aupó a la presidencia a Pedro Sánchez. Rajoy abandonó el Congreso de los Diputados antes de la votación para encerrarse en un restaurante en compañía de Dolores de Cospedal y otros ministros desde las dos de la tarde hasta las diez de la noche, hora en la que le vieron salir un tanto aturdido.

¿Cuándo? La reflexión que cabe hacerse a la vista del sumario que se ha hecho público hace unos días es la de si algún día el Partido Popular estará dirigido por personas normales. Gran parte de la primera generación de dirigentes -la de Jose María Aznar- del PP terminó en la cárcel o tuvo que desaparecer de mala manera tras descubrirse que habían estado a sueldo de loobies. De los 14 ministros que tenía Aznar en el año 2002, 12 están o han estado imputados por haber cobrado sobresueldos al margen de Hacienda, haber organizado negocios paralelos aprovechando su situación política o directamente han entrado en la cárcel, como es el caso de Jaume Matas, Rodrigo Rato o Eduardo Zaplana. La segunda generación de dirigentes, con Mariano Rajoy, está a un paso del banquillo, como es el caso de Dolores de Cospedal o Jorge Fernández Díaz. ¿Conseguirá romper con esta dinámica Pablo Casado?

Conclusión. Si el Partido Popular quiere librarse del estigma de la corrupción de una vez por todas va a tener que cambiar su estructura y su argumentario. Hablar de Bildu, de Venezuela o de los GAL ya no tiene el mismo resultado que hace unos años. La sociedad ha cambiado y los votantes se guían por otros parámetros. Lo que ocurre en Las Vegas no siempre se queda en Las Vegas.

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