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José María de Loma

Banderas del chino

Banderas en los balcones.

Banderas en los balcones.

El presidente de mi comunidad de vecinos y yo nos hemos reunido después de meses de tenso diálogo. Mi jefe de gabinete, que es mi hijo de seis años, ha comprado en el chino muchas banderas de España y de mi portal y ha ordenado a un amigo suyo muy mañoso fabricar un atril en el que el presidente y yo, presidente de mi casa, compareceremos antes los medios informativos, con las banderas detrás, para dar cuenta de nuestro no acuerdo. Hemos parido una comisión.

Los medios informativos son una chica muy maja que estudia Periodismo y vive en el quinto y el cotilla oficial del bloque, Don Prematuro Sáenz, dependiente de comercio atildado, aficionado a la lotería y al coñac que siempre trae y lleva información por todo el vecindario. Aún se recuerda en la escalera su exclusiva sobre la boda de los del segundo, que no vea usted la cantidad de años que llevaban de novios. Vendrá alguna cámara, a lo mejor la de Luis, el del tercero A, que se cree que no lo vemos pero que hace fotos a la gente cuando en verano suben a la azotea a tomar el sol ligeros de ropa. La epidemia que suponían los ruidos se hacía insoportable y nos estaba infectando a todos, pero el presidente de la Comunidad, que ya había ejercido sus funciones decretando el estado de silencio, me había ahora traspasado las competencias en cuanto a ruido, pero oiga, que no se oye, es que no daba abasto.

Así que pedí ayuda al presidente, pero claro, necesitaba que la imagen proyectada, el mensaje, fuera en realidad que doblegaba al presidente trayéndolo a mi terreno. O sea, un galimatías. Que hacía que incluso me doliera la cabeza. Al final la reunión ha salido bien, aunque en la rueda de prensa me he hecho un poco de lío y no sé si se me ha entendido del todo. He procurado recalcar lo de la comisión, que siempre queda bien. Aunque tengo que pensar muy bien si incluyo al gato del tejado, al chico de la mercería de abajo, a la cafetería de la esquina y a los inquilinos del ático, que son jóvenes y se dedican a las artes amatorias las más de las noches, viniendo claramente de ahí, en plena madrugada, gran parte de la pandemia de ruidos que padecemos, madre mía, que no he visto yo gritar así a nadie. Ni que los atropellara un trolebús.

Hay otros presidentes de su casa que son más mansos, los hay rebeldes e incluso uno, el del Sexto B, que ha vivido dos años en Tarragona, exige la independencia, sobre todo cuando viene una derrama o recibo nuevo. Los del séptimo C son vascos y tienen un régimen especial. Bacalao a la brasa y pimientos de Guernica. Son majos. Ahora están algo callados. A veces se van a Burgos o a Castro Urdiales. Yo no sé si renovaré mandato. Todo esto es muy trabajoso. Más ruido que soluciones.

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