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Juan José Millas

Gusto y susto

Escribir da pánico. No siempre, desde luego, pero cuando da pánico da pánico. Son las tres de la madrugada y me he despertado porque sí, porque me suelo despertar a esas horas. Con frecuencia, me quedo en la cama fingiendo dormir, pero a veces me levanto y abro el ordenador e intento añadir uno o dos párrafos a aquello que tenga entre manos, sea una novela, un artículo, una conferencia… Y suelo conseguirlo, pero a base de cantidades increíbles de espanto, como si, en vez de escribir, estuviera cometiendo un crimen. De hecho, cuando mi mujer me pregunta al día siguiente qué estuve haciendo de madrugada, le digo que ver la televisión porque me costaba coger el sueño. Ver la televisión a esas horas también produce algo de miedo. No suelo hacerlo en casa, pero sí en los hoteles. La veo con el mando en la mano, como dispuesto a disparar o a cambiar de canal. Se puede uno suicidar con un mando a distancia. Aprietas el botón de encendido y estás muerto. No muerto como para ser enterrado, se entiende, pero con menos vida que con la que te acostaste. Cuando bajas a desayunar, podrías adivinar en la expresión de los otros huéspedes quiénes durmieron y quiénes vieron la tele.

Toda actividad nocturna y solitaria que no sea dormir está teñida de ilegalidad. Por eso a mis alumnos de escritura creativa les recomiendo que escriban de madrugada.

- ¿Por qué? -preguntan.

-Porque se escribe en la clandestinidad, aunque se publique a la luz del día -les respondo.

A la luz del día puedes escribir, qué se yo, el código penal, pero no Crimen y castigo o La metamorfosis. He ahí dos novelas escritas con pánico. El pánico debería formar parte del proyecto de cualquier literatura que se precie. ¿Significa eso que no puedes disfrutar escribiendo? Para nada. Significa que si quieres hacer algo significativo has de salirte de la norma. Y salirse de la norma da gusto y susto al mismo tiempo.

Escribir mientras el mundo duerme es transgresor, pues implica apartarse del rebaño, de la protección del rebaño, de la inmunidad del rebaño, por decirlo en términos actuales. Es exponerse a coger cualquier cosa.

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