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Francisco Esquivel

El difícil acorde

La contemplo en el retrovisor. No había podido tenerla cerca desde diciembre pasado, la tarde en que el adiós se tornó desabrido por uno de esos encontronazos ante los que el carácter de ambos tiende a sucumbir. Todos estos meses en los que no pudo cruzar la frontera dieron para repasar una y otra vez el álbum paladeando la instantánea del puente este cuando, tres décadas y pico atrás, empezó a ir a piñón fijo resistiéndose con el ceño fruncido es de suponer a abandonar el vientre de la madre. En cuanto salió y se puso en pie se despejaron las dudas sobre qué hacer al respecto: ¡Que viene, que viene!

  Resplandece diría que como nunca en el asiento trasero después de convivir un mes sin un roce que llevarnos a la boca en el momento que, camino de la estación, sonó de improviso la valerosa despedida de Pau Donés y hasta el chasis se encogió al recordar a su chavala bailando el «gracias a ti/seguí remando contra la marea». Tras respirar hondo tropecé con los ojos de la mía, instante en el que me habría gustado ser Kiko Veneno para decirle «¿Cómo voy a poder devolverte/tanto como tú me das?» y no, no lo soy.

  En cambio ella ha hecho la intemerata de giras. Bien pipiola se buscó la vida y sus atributos entre críos, aulas y voluntariado desde la Alemania con gen del Este hasta el sur de las Highlands, la inspiradora Montevideo, Myanmar, Madrid & Barcelona, casi ná, esta tierra suya y el suelo francés donde la mujer valiente y solidaria que es ha impartido en un idioma en el que medio se despacha a un grupo de mozalbetes sin arredrarse aunque lo suyo sea el termómetro infantil. Como una componente más de las benditas generaciones que salen al quite, y con la cruz a futuro puesta en África, ha cortado la grata experiencia docente por arrimar el hombro en uno de esos rincones en los que la vieja Europa tiene a miles de familias de tantas latitudes dejadas de la mano de Dios, de modo que escuchará a distancia el cumpleaños feliz mientras ultima la mochila.

  Ya sé, es de admirar. Pero el caso es sufrir.   

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