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Josefina Bueno

Porque estamos y contribuimos

Hace apenas unos días el Rey inauguraba el Foro La Toja, un encuentro que reúne a personas de los mundos empresarial, político e intelectual. El titular del encuentro era sugerente: “Las mejores mentes reflexionan desde A Toxa sobre la respuesta a la pandemia”. En la foto que ilustra el panel de expertos todos eran hombres. Faltaban científicos, virólogos, epidemiólogos,… Pero la ausencia de mujeres, al menos en la foto, resulta cuando menos llamativa. ¿No hay ninguna mujer entre las mejores mentes? Cabe preguntarse ¿cómo es posible que un encuentro que pretende analizar el momento que vivimos no cuente con la opinión de las mujeres? Porque haberlas las hay, que investigan, administran y gestionan en los más diferentes ámbitos, desde la Sanidad a la planificación de la nueva economía de la digitalización, a pesar de la brecha de género existente. Otra cosa, al parecer, es que, además, salgan en la foto de las “mejores mentes”.

La presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, -a la que difícilmente puede considerarse poco cualificada- presentaba hace unas semanas los retos a los que se enfrenta Europa junto con el proyecto de recuperación y renovación que se va a llevar a cabo para salir de la crisis sanitaria, para recuperar la economía y acometer la transición verde, entre otros ejes. Fue un buen discurso con una fuerte vertiente humanista, de una Europa de y para las personas y fortalecida de cara a su liderazgo mundial. El instrumento de recuperación Next Generation EU es un plan de inversiones para Europa que se destinará a los objetivos del Pacto Verde Europeo y a lo que se ha denominado la “ola europea de renovación” y convertir así la UE en líder de la economía circular. De este proyecto deriva, por ejemplo, el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia de la economía española, presentado por Pedro Sánchez, que plantea el mayor paquete de recursos y medidas de los últimos años y que posiblemente marcará la economía de las generaciones futuras. Un mundo en el que vamos a utilizar las tecnologías digitales para construir una sociedad más sana y ecológica. “Europa debe liderar el camino digital”, afirmaba la presidenta de la Comisión y las mujeres deben estar aportando su talento, incluyendo sus miradas, sus realidades y también prevenir sus vulnerabilidades -ciberviolencia-, para detectarlas y corregirlas, añado.

En el mundo digital, los sesgos de género vigentes en la sociedad se reproducen. Las mujeres han incrementado el uso de dispositivos tecnológicos, ¡cuidado!, el acceso a los servicios y productos TIC por parte de las mujeres -y de otros colectivos- no significa inclusión digital. Las TIC están socialmente estratificadas y el género, la edad, el nivel educativo o el estatus socioeconómico influyen. “De la brecha digital a los algoritmos” se explica porque detrás de los algoritmos hay personas que los crean, en su mayoría hombres de raza blanca. Así lo demuestra el Informe “Mujeres y digitalización. De las brechas y los algoritmos” del Instituto de la Mujer y para la igualdad de oportunidades. Y es que sólo un 12% de las personas que participan en el desarrollo de este tipo de innovaciones con capacidad de decisión de alto nivel son mujeres. Sólo el 11% de las personas que programan código fuente (escriben software) son mujeres. Eso es lo que simbolizan las fotos: el omnipresente poder y ocupación masculina en el ámbito de las nuevas tecnologías y la Inteligencia artificial (IA). La igualdad es importante ya que las herramientas digitales están presentes en muchas situaciones de la vida cotidiana: “La desigualdad de género no puede seguir transfiriéndose al entorno digital”, afirma Marieta Jiménez, presidenta de ClosinGap y presidenta europea de Merck Healthcare.

Esta semana, el president Ximo Puig apostaba por la inclusión de las mujeres en la Ciencia para superar los roles y estereotipos de género en unas jornadas cuyo objetivo era despertar vocaciones científicas y en las disciplinas STEM, y lo hacía junto a la Consellera de Innovación, Universidades, Ciencia y Sociedad Digital, Carolina Pascual. En la apuesta decidida que la Generalitat ha hecho por la sociedad digital, acompañan a la consellera, la ingeniera Nuria Oliver, comisionada de la Estrategia valenciana de IA, que liderará el único centro en España de la red Ellis, y Ana Berenguer, responsable de coordinar dicha estrategia. El Observatorio de brecha digital de la Generalitat ha impulsado la firma de cinco cátedras sobre brecha digital con las universidades valencianas. La directora del Departamento de Informática en la Universitat de València, Silvia Rueda, dirigirá la Cátedra de Brecha digital y género, y la profesora del Departamento de Comunicación audiovisual y Publicidad en la Universidad de Alicante, Natalia Papi, dirigirá la Cátedra de Brecha digital y cambio generacional. Las instituciones públicas tienen el deber de inclusión y de designación y ello pasa por contar con mujeres cualificadas en los puestos de decisión y dirección. Hace unos días se presentaba un plan para radiografiar la digitalización en la provincia, impulsado por la Diputación de Alicante en el que colaboran las dos universidades públicas de la provincia. Es de esperar que el proyecto, además de contar con profesionales cualificadas, tenga en cuenta la importancia de las mujeres en el diseño, producción y aplicación de las TIC para la vida. Una apuesta por la transformación digital en nuestra provincia debería tener en cuenta de manera específica a las mujeres, entre otras cosas porque las competencias digitales serán básicas para su empleabilidad, o porque como indican diferentes estudios, la digitalización afectará más a ocupaciones donde hay más mujeres, por poner un solo ejemplo entre mil, en los puestos administrativos. Es necesario que los proyectos que apuestan por la transformación de los modelos productivos potenciando la digitalización tengan presente la perspectiva de género, porque de lo contrario contribuiremos a reproducir el símbolo que representa la foto a la que hacía referencia al principio. Una foto injusta e incompleta.

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