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Francisco Esquivel

Tiene que llover

Francisco Esquivel

En la viña del señor

El cardenal Cañizares

El cardenal Cañizares

El inconfundible cardenal arzobispo de Valencia ha cumplido los setenta y cinco, preocupándose en primera persona de hacer constar «las numerosas muestras de cariño y felicitaciones» recibidas y pidiendo encarecidamente «rezad por mí». Él sabrá mejor que nadie por qué.

Para fieles detractores e incluso para ciertos seguidores del prelado no debió resultar fácil digerir el esmero puesto en la homilía ofrecida justo cuando la peña se hallaba volviendo por sus pasos tras ir clausurándose de modo paulatino el estado de alarma: «El demonio existe en plena pandemia –alertó el pastor Cañizares ante su rebaño–, intentando llevar a cabo investigaciones para vacunas y para curaciones. Nos encontramos con la dolorosísima noticia de que una de las vacunas se fabrica a base de células de fetos abortados. Así de claro. Y es inhumano, cruel y ante eso no podemos alabarlo ni bendecirlo, todo lo contrario». Pese a la carga eminentemente cristiana del alegato envuelto en «primero se le mata con el aborto y después se le manipula para ¡qué bueno, mira qué bien! ya tenemos una vacuna...¡No, señor! Tenemos una desgracia más, obra del diablo», el arzobispado tuvo a bien matizar el contumaz afán exhibido por el titular. Siendo justos hay que señalar, no obstante, que Miguel Bosé se subió en cierta manera a la ola, arrastrado seguramente por las fauces de «Don Diablo».

Es bien sabido que el inefable clérigo dispone de una colección para enmarcar labrada a lo largo del apostolado, por lo que era de esperar que aprovechase la celebración y que, antes de apagar las velas, no se privara de dejar su firma: «Hoy es un día de una gran alegría para mí por compartirlo con todos vosotros. Qué forma de necesitar a Santa Teresa en España, tan dividida y pisoteada en su dignidad». Cómo andaremos para que el diagnóstico resuene centrado, pero es que además el santo varón está en campaña. Hubo de renunciar al cargo por edad y espera claro que el papa le dé dos años más en la confianza que, de esto suyo, no pretenda vacunarse.

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