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Francisco Esquivel

La anochecida

El Gobierno estudiará aplicar el toque de queda con el estado de alarma

El Gobierno estudiará aplicar el toque de queda con el estado de alarma

Aquel lunes habíamos quedado para el estreno de una historia de Fernando Arrabal en nuestro cine favorito, sala que hace tiempo desapareció en el precipicio sobre el que tantas otras se ven amenazadas en el presente por la siniestra oleada que nos atenaza.

A media tarde dejamos la cita para mejor ocasión, incluso antes de que la Capitanía General de Valencia hiciera llegar su poemita rumbo al anochecer: «Se establece el toque de queda desde las veintiuna a las siete horas pudiendo circular únicamente dos personas como máximo por la vía pública y pernoctando todos los grupos familiares en sus domicilios. Solo podrán circular vehículos y transportes públicos así como particulares debidamente autorizados». Rojeras y sospechosos habituales buscaron escondite; un emisario entregó el bando de Milans con intención de que... pero seguía en el limbo la web que hoy anda pendiente de cómo se remueve Abascal en la caja clavada por los ex y parte del vecindario se comunicó entonces con el fijo, resguardada a base de bien, asomando si acaso hasta los ojos por ver si se atistaba algún movimiento y, en cuanto alguno preguntaba qué es ese ruido sospechando que tanques, la inquietud los empujaba a ponerse de puntillas para constatar la mayoría que, efectivamente, había llegado el camión de la basura.

  Ignoraba si el hecho de que acabase de entrar en plantilla valdría como atenuante pero, aparte de la suerte que podía correr el país, tampoco se me iba de la cabeza que no tenía la mili hecha y que me hallaba devorando los últimos estertores de prórroga. Dado que los que nos libramos siempre hemos cargado con el fantasma del campamento encima, he seguido con suma atención el diagnóstico del emérito –del Constitucional, por Dios– por el que Gimeno Sendra advierte que, en lo que a pandemias se refiere, «el toque de queda no tiene fundamento legal y lo que conseguiría es producir un caos normativo». Admirado profesor me conformo con que, orden en ristre, no se presente nadie entregando un cetme para que mate al bicho.  

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