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Francisco Esquivel

Tiene que llover

Francisco Esquivel

Será por chotis

La Puerta del Sol de Madrid, desierta.

La Puerta del Sol de Madrid, desierta.

Sobre las nueve de la mañana el tal Enrique López, consejero de Justicia, Interior y Víctimas de Ayuso –no lo digo yo, así se llama del departamento– advierte desde Antena 3 que, en su ámbito, «la situación está controlada» y, al alcanzar las diez, el vice Aguado, de la rama que no agita Miguel Ángel Rodríguez, anuncia en el programa de Ana Rosa que propondrá cerrar la capital del reino de cara al puente de Todos los Santos y al de la Almudena. ¡Madrid, Madrid, Madrid!

Esto vino a continuación de que en el informativo del fin de semana de la tele autóctona la presidenta se pusiera toda chulapa a la hora de restregar que iba a inaugurarse en tiempo récord el hospital de Valdebebas con mil camas por lo que la periodista se interesa acerca de los sanitarios contratados y la responsable de la gestión en el territorio alega que la presidenta no tiene que entrar al detalle: «A mí eso no me compete; son preguntas que no se le hacen al máximo representante autonómico». Ante la escapatoria utilizada en el fragor acerca de que la plantilla podría nutrirse con la reorganización de los centros existentes, un intensivista perteneciente al sur de la Comunidad no puede evitar saltar a Twitter con su nombre y apellido para soltar: «Estamos en los hospitales como para que nos redistribuyan». 

Pero es que dos semanas antes que el intensivista, el Café Pavón, pegado al teatro en Embajadores, salta a la red con una proclama: «Nos da vergüenza que la presidenta esté más preocupada por los bares y restaurantes que por los médicos, enfermos y atención primaria». Ya sé por allí solo paran progres, pero eso no quita para que siga siendo un bar. Y previo a que posara con Sánchez con las banderías por bandera, la firma en la que teletrabaja mi sobrina permite que cada cual ponga tierra de por medio con el inconveniente de que la gata no se deja meter en el transportín, la criatura pierde el ave y la madre se pone de los nervios ante el temor a que cierren Madrid. Pero qué sabrá la empresa, dirá Ayuso. Bueno es el Ocaso.

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