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Francisco Esquivel

Cruce de miradas

Un falso Ejército con tanques toma las calles del centro de Madrid para un rodáje de Amenábar.

Un falso Ejército con tanques toma las calles del centro de Madrid para un rodáje de Amenábar.

Días atrás se produjo en Madrid un pitote. Dirán ustedes, pues vaya novedad. En este caso se sembró de forma inesperada y nadie lo vio venir hasta tenerlo encima. Atocha, Colón, Goya y las principales arterias fueron tomadas por tanques y acorazados. Las teorías conspiranoicas no tardaron en aflorar y las redes se pusieron las botas. Un fulano se preguntaba: «¿Otra maniobra de este gobierno criminal para apesebrar más a la gente?», cuestión que alguien metido en el ajo intentó neutralizar con la aseveración de que mira, pues no, «no es un golpe de Estado bolivariano». Es lo que nos salva: que, hasta en los momentos más crudos, nos va la marcha... sin necesidad de que sea militar.

  Se trataba de un rodaje. A nadie podría extrañarle que el mundo de la creación diese un golpe dado el estado que asola a la tropa. Y en absoluto. Los viandantes estaban ante la grabación, cómo no, de una serie. En concreto de la primera realizada por Amenábar, quien tampoco ha podido sustraerse a este tsunami. El destino quiso que el despliegue armamentísco coincidiera con la salida a la luz del hallazgo perteneciente al archivo del Ministerio de Exteriores alemán que desvela maniobras del III Reich para impedir que el Nobel de Literatura del 35 fuese a parar a manos de Unamuno, lo cual viene a meter más baza todavía sobre la presunta equidistancia que se reprocha al realizador en su trazo alrededor del profesor y pensador vasco. Aunque él siempre negó tal pretensión asumió eso sí que lo que buscó fue que «los españoles estén dispuestos a dejarse impregnar del que vive enfrente». Va listo.

  Para que a los ingredientes en danza no le falte de nada, «La fortuna» va sobre el expolio por una empresa estadounidense en 2007 de una fragata nuestra hundida en el XIX. Las disputas acabaron con el fallo a favor de la devolución del tesoro. Como la historia le llegue a Trump en los días que le quedan, viendo lo que deja allí, ríanse del pollo de las dos Españas y agárrense los machos. Una vez que esté el oro sobre la mesa, a ver quién le dice que recuente.

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