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Julia Parra

Julia Parra

Concejal de Sanidad en el Ayuntamiento de Sant Joan y vicepresidenta de la Diputación Provincial de Alicante

Atrevámonos a imaginar

Semana de la Igualdad en Sant Joan

Semana de la Igualdad en Sant Joan

Las cifras nos ayudan a valorar un problema en términos objetivos. Nos permiten hacer comparativas, gráficos. Nos permiten estudiar su evolución, establecer porcentajes, definir su gravedad en términos cuantitativos.

En estos tiempos de COVID estamos viviendo más que nunca esa traducción de la realidad a números. Y está bien. Sin duda, es útil. Pero si solo nos quedamos en los números, si no somos capaces de detenernos a pensar que detrás de cada sumando hay una persona, una historia y una familia a su alrededor, entonces la imagen se desenfoca. Lo mismo ocurre con los casos de violencia de género.

El 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, vamos a oír hablar de números. Y es útil, vuelvo a decirlo. Pero a mí me gustaría también hablar de la faceta personal. Que nos atrevamos a imaginar el dolor, el miedo y la desesperanza que hay detrás de cada una de las mujeres que son víctimas de maltrato. Pensar en cómo pueden sentirse. Y no solo ellas. Imaginar a sus hijos, ponernos en su piel como si fueran los nuestros. No es fácil. Desasosiega mucho pensarlo. Pero es necesario. Tanto o más que hablar de cifras.

Para quienes tenemos un cargo de responsabilidad en las administraciones públicas es aún más necesario hacer esa reflexión. Y desarrollar políticas de concienciación, educación, prevención y actuación teniendo siempre presente esa sensibilidad para que la imagen nunca se desenfoque y para que el objetivo de la erradicación del maltrato a la mujer tenga siempre el camino despejado.

En ese camino debemos encontrarnos todas las fuerzas políticas y que ningún partido caiga en el error de arrogarse la potestad de ser más defensor de la mujer que nadie. Creo firmemente que hay temas que deben quedar al margen de la tentación partidista. Y la violencia contra las mujeres es, por supuesto, uno de ellos.

Hablaba antes del riesgo de deshumanización que entraña traducir la realidad solo a números. Pero también quería reflexionar sobre el riesgo de abusar del discurso. Palabras, sí. Claro que sí. Debemos hablar de las mujeres que han sufrido maltrato y han perdido la vida, de las que están sufriendo en estos momentos, de las que consienten comportamientos que aún no son capaces de interpretar. Debemos alertarlas; ayudarlas a identificar los riesgos; alentarlas cuando el círculo de la violencia ya las ha cercado. Debemos hacer que escuchen y sientan que no están solas. Hemos de decir muchas cosas en voz alta, claro que sí. Pero, sobre todo, hemos de actuar.

Escuchar y hacer. Como si nos hubiera tocado de cerca el problema. Imaginar que puede ocurrir y actuar como si ellas fueran nosotros. En realidad, lo son. Porque en nuestra mano está contribuir a crear la sociedad que queremos tener.

Escuchar y hacer. Ese ha de ser, como responsables públicos, nuestro principal compromiso.

Por todas ellas. Por todos nosotros.

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