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Jorge Dezcallar

El horario, los restaurantes y la salud

El horario, los restaurantes y la salud

El horario, los restaurantes y la salud

Les confieso que no puedo más del Covid y de las maniobras de Donald Trump para aferrarse al poder. A juzgar por los medios de comunicación, se diría que nada más ocurre en el mundo y no es

verdad. Por ejemplo, nuestra vida está marcada por los relojes y merecen que les dediquemos un poco de tiempo, al menos en tres aspectos diferentes.

El primero porque hace unos días nos han retrasado los relojes una hora. ¡Como si hubiera alguien que desee alargar sesenta largos minutos este nefasto 2020! La mayoría de europeos (un 80% de

españoles) son contrarios a estos cambios de hora un par de veces al año para adaptarla al verano y al invierno, pero la Unión Europea ha retrasado la decisión hasta 2021 porque se rige por reglas

democráticas que exigen negociar, convencer y llegar a complicados acuerdos entre 27 países, o sea, exactamente lo contrario de lo que aquí pretendía el gobierno con su absurda propuesta de cambiar unilateralmente las reglas para la elección de jueces al CGPJ.

El segundo es que la descomunal crisis económica que nos aqueja la sufren con especial gravedad algunos sectores como la restauración aunque por desgracia no sea el único. Los confinamientos, los toques de queda, los horarios de cierre y las restricciones de aforo asestan un golpe muy duro a muchos negocios y los ponen en trance de desaparición. Por eso los restaurantes piden a los clientes cenar a las ocho, como si fuéramos franceses o portugueses, porque eso les permitiría hacer dos turnos (apresurados) antes de ser obligados a bajar la persiana. Habiendo pasado buena parte de mi vida en el extranjero en lugares donde se almuerza a las 13 horas y se cena en torno a las 20, confieso que simpatizo con la propuesta que beneficia a los restaurantes, que lo necesitan y mucho, pero que tendría muchas más ventajas... si fuéramos capaces de aprovechar la actual crisis para adaptarnos también a los horarios europeos. Empezar y terminar la jornada al mismo tiempo que en Bruselas sería muy práctico desde un punto de vista laboral para todos los sectores económicos vinculados con el exterior. Un horario continuado de 9 a 18 horas invita a almuerzos más ligeros, con menos grasas y con menos alcohol, ahorra trabajo en casa, y atascos y contaminación a medio día en nuestras ciudades. Además con ese horario uno regresa al hogar a una hora que permite disfrutar de los hijos y ayudarles con los deberes escolares si es el caso, hacer deporte, ir al cine o al teatro, y luego cenar sin necesidad de acostarse tras el postre, que es algo muy poco sano. Y por si fuera poco, nos permitiría disfrutar de más horas de sueño porque un estudio de la Unión Europea afirma que los españoles dormimos algo así como una hora menos que la media comunitaria. Una barbaridad. Antes este desfase se compensaba con la siesta, una de nuestras palabras con mayor proyección internacional, pero por desgracia ya no es el caso. De adoptarse, el nuevo horario se extendería desde la Administración al comercio, la parrilla de la televisión, el teatro, los conciertos etc. Sólo los toros podrían seguir, imperturbables a “las cinco en punto de la tarde”, como decía García Lorca en “El llanto por Ignacio Sánchez Mejías”.

Un asunto diferente pero que también tiene que ver con los relojes es la conveniencia o no de colocar a España en el huso horario del meridiano de Greenwich, que es el que nos corresponde por

geografía y que Franco cambió por el meridiano de Berlín cuando estaba a partir un piñón con los nazis y pensaba que Alemania ganaría la guerra. Hacerlo nos colocaría donde nos corresponde,

nos permitiría aprovechar mejor la luz solar y regresar a un horario más apegado a la naturaleza como viven los campesinos, hacen las gallinas y hacían también nuestros antepasados hasta que con

la invención de la luz eléctrica comenzamos a levantarnos más tarde y a trasnochar más. Y al igual que no estamos hechos para volar o para bucear, aunque lo podamos hacer a ratos, parece más natural vivir con luz que en las sombras de la noche, que es más asunto de zombies y vampiros aunque eso sea difícil de explicar a la gente joven. En última instancia, si nos alineamos con Greenwich recibiremos una hora antes el sueldo... al menos los que aún tienen la suerte de trabajar

El profesor Juan Antonio Madrid, catedrático de Fisiología y director del laboratorio de Cronobiología de la Universidad de Murcia, dice que para la salud es importante la sincronización entre los relojes interno o biológico (que marca los ritmos del cuerpo), el externo o solar (con sus periodos de luz y oscuridad), y el social (que viene determinado por las las costumbres de cada país) y a mi eso me parece algo lleno de lógica.

Pero cambiarlos supone alteraciones muy grandes en formas de vida que son producto de costumbres muy arraigadas, y por eso me temo que tienen menos posibilidades de ser adoptados que dejar de doblar las películas extranjeras en la televisión y el cine, que es otra anomalía española, porque facilitaría el aprendizaje de idiomas al acostumbrar el oído a otros sonidos y porque es un atentado al trabajo de actores y actrices al privarles de la modulación de la voz que es un aspecto esencial de la interpretación.

Pero... ¿Quién sabe? Al fin y al cabo las crisis son también oportunidades y esta crisis es muy grande..

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