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Luis M. Alonso

Sol y sombra

El esfuerzo de años se ha culminado, eso sí, ahora, con la mayor perversión sectaria imaginable

Recogida de firmas en Alicante contra la "Ley Celaá"

Recogida de firmas en Alicante contra la "Ley Celaá"

La famosa ley Celaá puede que sea producto de las circunstancias pero no del azar. No hemos llegado hasta aquí por casualidad sino por una falta de consenso educativo preocupante e ideologizada que ha contribuido enormemente al fracaso colectivo de un país.

No existe caso comparable en ninguna sociedad civilizada a este, en que los sucesivos gobiernos hayan mostrado tanta incapacidad en un proyecto común tan esencial como es la Educación. El esfuerzo de años se ha culminado, eso sí, ahora, con la mayor perversión sectaria imaginable. Hasta el punto de despojar al castellano como lengua oficial del Estado y vehicular de la enseñanza. ¿Existe mayor despropósito que una de las grandes lenguas universales sea apartada a trompicones en su país de origen de esta manera para abrir paso a otras que se consideran propias? La RAE asomó todavía ayer tímidamente, después de dos semanas de encendida polémica, para implorar que no se ponga en cuestión el uso del español. En cualquier otro lugar este hecho impensable habría causado una conmoción social y cultural equiparable al daño que se pretende infligir. Aquí, no.

En realidad la ley Celaá es el ejemplo que mejor se acompasa con la situación: el momento Adriana Lastra, por resumirlo de alguna manera. Escasa sustancia pedagógica, menos castellano, freno a la libertad para elegir una enseñanza concertada, vía libre a las comunidades autónomas para ejercer la singularidad propia arrinconando a la lengua en la que todos nos entendemos y mayoritariamente nos formamos, supresión de la exigencia académica, exaltación del suspenso y abolición del mérito, fuera las reválidas, menos memorización y más autoestima hacia los alumnos que no se esfuerzan pero se sienten víctimas del rigor educativo, y exclusión de la asignatura ética para fomentar los “valores” que la secta de turno se encargará de difundir cuando lo considere oportuno. Así, a grandes rasgos, es la llamada Lomloe que nace de la nueva fractura nacional y para que no decaiga la desdicha que estamos viviendo.

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