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Martín Caicoya

La importancia de reducir movilidad y el hacinamiento, clave en la lucha contra el COVID

Cvirus.- Galicia defiende la restricción de movilidad para "contener la irradiación" y "controlar la transmisión"

Cvirus.- Galicia defiende la restricción de movilidad para "contener la irradiación" y "controlar la transmisión"

“En medio de la pandemia cumplí 65 años”, me comentaba. “Con esa edad debo ser aún más cuidadoso con mi salud. Siempre lo he sido. En estos meses nunca fui a un bar, restaurante u otro espacio público cerrado, apenas mantuve reuniones familiares, he procurado en el trabajo no coincidir con otros en la misma habitación, siempre usé mascarilla, de las FFP2, renovándola periódicamente, en el bolsillo el gel, nunca toco manillas ni otras superficies, sin protección. A pesar de eso, y no sé cómo, estoy infectado: tengo fiebre, quebrantamiento. Tuve que hacerme 3 PCR separadas una semana para confirmarlo”. Es uno de los muchos casos que no sabremos nunca cómo se trasmitió el virus. Como el de la anciana encerrada en su habitación de la residencia, solo salía al pasillo cuando la avisaban que estaba vacío. Enferma sin clínica y su marido negativo. O la de la madre de una compañera infectóloga a la cual, por su fragilidad, mantenía con la máxima protección.

Las estadísticas en parte lo confirman. En el 43 por ciento de los casos en los que la exposición se ha investigado, no se ha podido determinar dónde ocurrió. A esto hay que añadir que en el 40 por ciento de los casos no se realizó esa encuesta o no figura esa información.

Desde esa perspectiva, uno se encuentra muy desconcertado a la hora de sustentar, en los hechos, las medidas de salud pública. Sin datos suficientes, parece que tenemos que seguir fiándonos de las predicciones que dicta la lógica: el aislamiento, la renovación del aire y la higiene.

Pero la lógica tiene que funcionar y funciona. O al menos así lo parece si nos fiamos de un interesante estudio que acaba de publicar “Nature”, de forma acelerada y sin revisar por pares. Los investigadores tuvieron acceso a los movimientos de los habitantes de 10 ciudades norteamericanas, en total 98 millones de personas, a través del seguimiento del móvil desde marzo hasta mayo. Y examinaron especialmente la afluencia a ciertos puntos de interés: tiendas de comestibles, bares, restaurantes, hoteles, iglesias, gimnasios... De cada lugar obtuvieron la densidad de ocupación horaria además del tiempo de permanencia individual. Mientras, la realidad iba imponiéndose. El modelo que emplearon es simple: cada unidad está en uno de los 4 estados SEIR: susceptible, expuesto, infectado, recuperado. El grado de exposición tiene que ver con la permanencia en uno de esos lugares, la densidad de ocupación y la densidad de infección en el distrito. Con este modelo relativamente simple, conectaron los 57.000 distritos censales con los 553.000 los puntos de interés investigados y los 5.400 millones de horas. De esta manera logran predecir con bastante exactitud lo que ocurre. El modelo parece robusto. Y la base de la predicción es muy simple y el resultado el esperable: donde más hacinamiento y tiempo de permanencia se observa, más casos ocurren en ese distrito. De manera que hay una pequeña proporción de los espacios cerrados investigados que son los responsables de una larga proporción de los casos. Se cumple otra vez la teoría de Pareto del 20/80: el 20 por ciento de las causas explica el 80% de las consecuencias.

Ya se sabía que en Estados Unidos en los distritos más pobres había más casos. Este estudio muestra que la movilidad en ellos se redujo menos. Probablemente porque el teletrabajo sea más escaso, los domicilios menos acogedores, los servicios menos competentes. El caso es que no solo salen más, permanecen más tiempo en las tiendas de comestibles, que están más hacinadas. Y, claro, tienen más casos de Covid-19 como predice el modelo.

Por tanto, la reducción de la movilidad y del hacinamiento parecen dos de las medidas más eficaces. Y basados en ello, y con las mismas variables, se atreven a realizar suposiciones. Y demuestran, o predicen, que retrasar las medidas que frenaban la movilidad incrementa el número de casos, que proponer una baja ocupación en los puntos de interés frena la expansión de la epidemia, etcétera. Hallazgos que refuerzan las estrategias de salud pública que se han puesto en marcha. Y creo, que lo más importante, podemos atrevernos a imponer medidas menos generales, concentrar los esfuerzos donde parece que se producen la mayoría de los casos. En cada sociedad, dependiendo de los hábitos, será en puntos de interés diferentes. Hay que identificarlos: donde se concentra más gente durante más tiempo. Pero no hace falta. Basta una medida general que recomiende máximas ocupaciones, como se ha hecho ya muchas veces y limitar la permanencia. Y si a eso se añade ventilación y uso obligado de mascarilla, creo que podremos mantener abiertos la mayoría de los negocios y controlada la epidemia.

En resumen, quizá no sea tanto un cierre de los puntos de interés como el control de la ocupación y permanencia.

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