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Llanos Cano

Llanos Cano Ochando

Concejala del Grupo Municipal Socialista de Alicante

No es el pasado

Una mujer ejerce la prostitución en la Avenida de Dénia antes del estado de alarma de marzo.

Una mujer ejerce la prostitución en la Avenida de Dénia antes del estado de alarma de marzo.

La esclavitud no es una reliquia del pasado, sino una realidad muy presente que ha ido adquiriendo nuevas formas con el paso del tiempo. La esclavitud moderna se utiliza como un término general que abarca desde el trabajo forzoso hasta el matrimonio forzado.

Más de cuarenta millones de personas en todo el mundo son víctimas de la esclavitud moderna, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT). En el sistema actual de explotación no sólo las victimas pueden ser sometidas en su ámbito nacional y en el propio lugar de nacimiento, sino que pueden ser traficadas más allá de sus propias fronteras. Las mujeres y las niñas se ven afectadas de manera desproporcionada por esta lacra.

Según datos de UNICEF, doce millones de niñas menores de 18 años son casadas cada año. La trata es una forma de esclavitud moderna y ha sido tipificada internacionalmente como un delito que atenta contra los derechos humanos ya que atenta contra la libertad y dignidad humana y pone en peligro la vida e integridad de las personas. La trata con fines de explotación sexual es la expresión más cruel y violenta de la desigualdad, la expresión más grave de la mercantilización de las mujeres. Lo preocupante es que, según la ONU, España, ha dejado de ser uno de los países de tránsito y se ha convertido en uno de los países de destino de tal aberración.

Hace tres días nos abofeteo la realidad en los periódicos. La Policía Nacional había detenido a una veintena de miembros de una red que obligaba a ejercer la prostitución a mujeres en locales de Murcia, Alicante, Almería y Valencia. Las catorce mujeres liberadas de la esclavitud sexual eran obligadas a trabajar doce horas todos los días y, en el caso de enfermar y no poder trabajar, eran penalizadas económicamente.

En el caso de querer descansar o ducharse, eran multadas con entre sesenta y doscientos euros. Leí la noticia con horror, el mismo horror que experimenté a principios de noviembre en el que conocimos que la policía desarticulaba una red que captaba y prostituía a adolescentes de un centro de menores de Alicante. La infame maquinaria que habían trazado seducía a las menores para que se echaran en los brazos criminales de una organización que las drogaba y prostituía. El mismo horror que en octubre donde conocimos que la policía nacional había liberado a nueve mujeres y detenido a diez personas que controlaban tres locales de prostitución en Alicante.

En este caso las mujeres eran obligadas a prostituirse y a pagar el 50% de lo que recibían en concepto de alquiler y, del resto, la mitad para saldar la deuda contraída además de gastos Ante tal encadenamiento de atrocidades en nuestro entorno más cercano me gustaría dejarles dos reflexiones en este día.

La primera: estas mujeres además serán multadas por el Ayuntamiento de Alicante en virtud de la nueva ordenanza de convivencia cívica si ejercen en la calle.

La segunda: doce horas de trabajo de una esclava sexual se traduce en una media de 20-24 puteros diarios. Puteros que, viendo las cifras de mujeres rescatadas, se cuentan por miles en Alicante. Puteros a los que no les ha importado nada la carne que han pagado y les han servido. Mujeres mordidas, masticadas y escupidas. Una y otra vez.

Llanos Cano Ochando es concejala del Grupo Municipal Socialista de Alicante

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