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Luis M. Alonso

El enemigo invisible

Crecen las reticencias de los españoles a la vacuna: el 55% prefiere esperar

Crecen las reticencias de los españoles a la vacuna: el 55% prefiere esperar

Vuelve a casa esta Navidad se ha resumido en quédate en ella. Con eso y la esperanza puesta en la vacuna, pero sobre todo cruzando dedos, debemos confiar en que la presumible tercera oleada de esta pandemia, en enero o febrero, sea menos mortífera que las anteriores. Para entonces el virus tendrá menos humanidad que atacar; las bajas han sido numerosas. Lo peor de combatir al enemigo es no saber dónde está y dónde aguarda. Rimbaud invitaba a ver lo invisible y a oír lo inaudible, pero nadie quiere asomarse al vértigo que produce la amenaza de la enfermedad. Por eso, tantas veces, cerramos los ojos y tapamos los oídos.

Al principio de la pandemia existía, entre las pocas certezas, la creencia de que con cierta disciplina y un relativo sacrificio íbamos a salir de esta más pronto que tarde. Hemos llegado a perder la paciencia en una sociedad poco acostumbrada al padecimiento, todavía algunos se preguntan por qué hay que limitar los contactos. Somos terriblemente indulgentes con la expresión más peligrosa de las emociones. La disculpamos incluso cuando las peores pasiones desatadas convocan a multitudes de tarados asistiendo, sin medida alguna de protección, a los funerales de Estado por un futbolista, decretados por el mismísimo presidente de una nación en uno de los actos más irresponsables que se recuerdan.

Pero es Argentina y es Maradona, dicen algunos idiotas para justificar el torbellino pasional de miles de palurdos sudando y berreando en las calles de Buenos Aires por el Dios que metió un gol con la mano en la eliminatoria de un mundial de fútbol contra Inglaterra y, al parecer, salvó la honra nacional de la derrota de una guerra que jamás debió librarse si no fuera porque la declaró un general con fama de borracho en una dictadura. No sabemos dónde espera el enemigo invisible y siempre habrá alguien dispuesto a discutir con datos contradictorios la eficacia de las medidas para protegerse, pero sí conocemos el peligro de desafiarlo.

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