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Francisco Esquivel

Valiente pastel

Televisión

El pago pone en danza propuestas originales guapas de tele. Qué menos dado el paquetamen del que Telefónica dispone. Espacios tanto de introspecciones científicas sobre lo que nos aguarda en distintos frentes como los fabricados en torno al deporte destilan un plus. Y luego está la plantilla de cómicos con la que juega de la mano del Terrat, que salta de un programa a otro. Cuando no puedo más recalo en estos. Uno de ellos, el titulado «Loco mundo», se ha doctorado en zaherir con clase gracias al desparpajo guionado y a la conducción del tal Quequé, hijo de un reputado catedrático salmantino de Literatura Española ante cuyas exigentes demandas es posible que el crío preguntase a menudo «que, ¿qué?» y así se quedó.

El último de los visionados me ha hecho mella. Analiza el boom de la seguridad privada y participa Ana Morgade, otra, quien deja caer que toda su relación con la aludida es nocturna. Menuda sorpresa. Pero antes fue interpelado el coronel Pedro Baños, al que el presentador saludó así: «Creo que es la primera vez en mi vida que hablo con un coronel. Actúo normal, ¿no? Aquello de ¡Señor, sí señor..!». «Nada, nada». El tres estrellas se centró en la privatización de la seguridad en los conflictos recalcando que va a más porque es un gran negocio con el que los países se eximen de cualquier responsabilidad. «Tienen –especifica– mejor material que los ejércitos y se maneja muchísimo dinero en paraísos fiscales con personalidades influyentes relacionadas alrededor de estos servicios de contratistas no sometidos a los convenios de Ginebra». El militar no se detiene sobre la competencia: «La G4S británica es una de las mayores multinacionales y muchas veces lo que hacen es enquistar conflictos». Ya. «Hablamos de los estados –prosigue– pero hay empresas que para controlar sus explotaciones en África contratan sociedades con carros y helicópteros de combate de los que carecen los ejércitos de la zona. El negocio es tan grande que es muy difícil extirparlo».

  Maldita sea, ¿a que tiene gracia?

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