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Biblioteca

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La literatura es una generadora de sentido como las centrales eléctricas son generadoras de electricidad. Y no se puede vivir sin sentido. Ni sin electricidad. Hay gente que tiene, para las emergencias, una fábrica propia de luz en su jardín o en su sótano. Yo, durante una época en la que vivía aislado, en el campo, dispuse de una que funcionaba con gasolina. Me parecía asombroso fabricar la energía precisa para alimentar mis bombillas y mis electrodomésticos, a los que comencé a considerar como mascotas, aunque me salían más caros que el gato. Mientras desayunaba, observaba la nevera y calculaba la cantidad de gasolina que se estaba tragando en ese instante. Con la luz comprada a las compañías eléctricas resulta difícil establecer esa cuenta. No sé lo que se come al día mi frigorífico, ni mi lavavajillas, ni la lámpara que utilizo para leer en la cama. Sería magnífico averiguar a cuántos vatios me sale cada párrafo.

Y bien, decíamos que la literatura genera sentido. Las bibliotecas públicas tienen algo, pues, de centrales de sentido. La gente que ocupa sus mesas de lectura, como la que se lleva, en préstamo, los libros a su casa, consumen significado como mi nevera devora kilovatios. Es difícil sacar adelante una vida sin significado. De hecho, cada cual se las arregla para proporcionar a la suya una dirección que le obligue a levantarse cada mañana. Es imposible salir de entre las sábanas, que tienen algo de sudario, sin un objetivo en la cabeza. Esos objetivos de carácter individual son estupendos: funcionan como funciona el generador particular de electricidad o la placa solar sobre el tejado del chalé de tu primo. Por eso es importante disponer, en el propio domicilio, de una pequeña biblioteca para, a la caída de la tarde, introducirse en una novela que cargue de sentido las baterías mentales, agotadas con frecuencia a lo largo de jornadas de trabajo embrutecedoras.

Pero una sociedad que se precie debería de poseer también un sentido de la existencia colectivo. Y ese sentido lo debe de producir la política con la creación, entre otras cosas, de bibliotecas públicas. Aunque no sólo de bibliotecas públicas. La ausencia de proyectos de grupo rompe la cohesión social.

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