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Francisco García

Redes que cayeron en su red

El veto de Facebook, Instagram y Twitter a Donald Trump después de cuatro años de haber servido de vehículo a su peligroso relato

FILE PHOTO: Stickers bearing the Facebook logo are pictured at Facebook Inc's F8 developers conference in San Jose

FILE PHOTO: Stickers bearing the Facebook logo are pictured at Facebook Inc's F8 developers conference in San Jose

En un ataque de dignidad, Facebook, Instagram y Twitter han suspendido las cuentas de Trump en sus respectivas redes sociales, practicando una suerte de censura previa que chirría en la nación más liberal del planeta. Habían tenido cuatro años para cerciorarse de que los mensajes del aún presidente de los Estados Unidos llamaban a la polarización, rayanos con la xenofobia, el racismo, la misoginia y la violencia. Era bien sabido, además, que Trump ganó las elecciones presidenciales con la inestimable ayuda de campañas sucias a través de las mismas redes que ahora lo demonizan. El trumpismo utilizó este vehículo para exacerbar el odio, el enfrentamiento y la grieta y construir un relato al que asintieron con su voto 70 millones de estadounidenses.

Después de haberle prestado, conscientemente o no, motor y ruedas al inflamador del reciente ataque sin precedentes al templo de la democracia norteamericana, Facebook y Twitter se van a ir de rositas. Ambas compañías salvan la cara de sus responsabilidades defendiendo que las suyas son empresas asépticas, transportistas de datos cuya única responsabilidad es que no atore el vehículo que conduce la mercancía a destino. De esa forma se logra la exculpación en relación con lo que ocurra en sus páginas, aun en el caso de que el contenedor circule lleno de inmundicia y detritus. Ante un juez Zuckerberg saldría del atolladero con un simple argumento: no se puede culpar de asesinato a la compañía telefónica por el mero hecho de que los asesinos hubieran planeado el delito por teléfono.

Estos señores que amasan cada año cientos de millones de dólares gracias al peaje de uso de sus planetarias autopistas realmente lo que comandan es una monumental plataforma de contenidos, que no solo se sirve de manera gratuita de noticias, reportajes y entrevistas de los medios tradicionales de los que la mayoría de sus usuarios denigra, sino que además ayuda a conectar a anunciantes con grupos demográficos muy específicos por medio de complicados algoritmos. Se trata por tanto de sofisticados medios de comunicación que deberían someterse a idénticas reglas del juego que las empresas periodísticas. Y si la hacen, que la paguen.

Está bien que hayan decidido cercenar las cuentas de Trump a última hora, pero deberían asumir su parte de responsabilidad en este clima de polarización: no son empresas de gominolas, por muy dulce que salga su cuenta de resultados.

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