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Agradecimiento al Hospital de Alicante

Víctor tiene 42 años y recibió el alta el miércoles de la semana pasada. Su historia es un cruda inmersión en la situación que viven nuestros centros sanitarios, pero también un rayo de esperanza y una clara evidencia de que sus profesionales, que se juegan la vida cada día, no han dejado de luchar. Por Víctor o por cualquiera de nosotros.

Víctor Baidez

Víctor Baidez

A todos los trabajadores del Hospital General de Alicante. Celadores, enfermeros, médicos, trabajadores de analíticas, radiólogos, personal de ambulancias, personal de limpieza, catering, mantenimiento, seguridad, administrativos…. ¡Gracias!

No era mi intención tener que hacer uso de los servicios sanitarios. Cené con mis hijos y mujer en Nochebuena y Nochevieja, estaba teletrabajando y un contacto ocasional con unos obreros por un tema del seguro del hogar me infectó. Con los primeros síntomas me aislé y con ello conseguí que el resto de mi familia diera negativo. Intenté curarme en casa siguiendo las instrucciones desde el centro de salud, pero el teléfono es muy complicado, no es fácil ver los síntomas así. La neumonía ya corría por mis pulmones y el médico en una revisión se dio cuenta y me obligó a ir a urgencias. Solo los que hemos estado allí sabemos lo que hay, sala abarrotada de positivos y posibles todos juntos, horas de duro trabajo donde los sanitarios hacen lo que pueden con la celeridad que nos podemos permitir, a pesar de mi fiebre, mi mala saturación entendí la situación y no caí en la desesperación, otras personas con menos paciencia exigían atención estando en muchas mejores condiciones, y ni así os cabreaban, tras ocho horas de distintas pruebas se decidió mi ingreso. Estaba muy asustado y nunca me faltó la calidad humana, las palabras de ánimo a pesar de la soledad de ingresar solo.

Mi primera noche fue un golpe de realidad. Mi primer compañero de habitación estaba mucho peor que yo, saturación muy bajita, los profesionales sanitarios de guardia trabajando como titanes durante varias horas para estabilizarle, flujo, gasometrías, placas, inyecciones…, agotando todas las opciones, durante muchas horas hasta bien entrada la madrugada trabajando con una dedicación admirable. Aunque me cambiaron de habitación, sé que está ya en camino de salir. He pasado muchos días con otro compañero ambos con el oxígeno, nos hemos apoyado el uno al otro dándonos ánimos. 

Desde los análisis a las 7, el desayuno a las 8.30, las cuatro veces que nos tomaban las constantes y valores, el antibiótico, la medicación, el cambio de ropa de cama y pijama, la limpieza, comida, merienda, cena y resopón. Impagable que, a pesar de ponerse en riesgo al entrar a atendernos, (una media diaria de ocho veces con la necesidad de desinfectarse en cada ocasión y con las EPIS que no transpiran y les dan un calor infernal) siempre tenían unas palabras sinceras de ánimo, increíble calidad humana que nos animaba cada día, una broma, palabras de cariño. “Venga chavales que en nada estáis fuera”. Se me iluminaba el alma.

Hemos tenido mucha suerte, en otras habitaciones las cosas estaban peor, carreras nocturnas, personas que se ahogaban, o que por estar solos y desorientados se quitaban el oxígeno, las noches eran un pitido continuo de llamadas de ayuda, hemos escuchado alguna tarde las palabras desgarradoras de familiares despidiéndose con un minuto como máximo para decir unas palabras después de toda una vida. En esos momentos el terror corre por tus venas y siempre miras de reojo la saturación esperando no empeorar. 

He entendido perfectamente que estando en camino de curarme y ya respirando por mí mismo, mi sitio es seguir el tratamiento en casa, estoy siendo muy estricto. Renuncié a la ambulancia porque con mis medios el aislamiento estaba garantizado, gracias de todas maneras, os prometo que estoy cumpliendo todos los requerimientos para no tener que volver, tomo las medicinas cuando debo, me pincho la heparina y estoy con el pecho levantado como me explicasteis para respirar mejor. 

Os debo respeto infinito y espero y deseo que seáis capaces de sacar adelante a la mayor parte de agudos posibles, estáis haciendo malabarismos con las habitaciones, tetris imposibles, como la noche que llegaron cuatro ingresos y ni una mala cara, se escuchaba a mantenimiento arreglando camas y habilitando espacios. Olé por vosotros.

A mi segundo compañero lo bajasteis al hospital de campaña y él también ha entendido la situación, ya le he dicho que es una buena señal, ya que allí van los leves o moderados, me comenta que lo habéis organizado muy bien y está funcionando de maravilla, no habrá tele, pero no falta nada de lo esencial, me ha comentado hoy que le dabais el alta y como yo vamos a seguir en casa para dejar el espacio a gente que lo necesite más. Encantado él, súper alegre por él yo.

Estoy orgullosísimo de contribuir con mis impuestos a un sistema que a pesar de las carencias funciona, espero que no os falten los medios, las ganas ya sé que no, he podido comprender la delgada línea roja de tardar unos días en tratarte puede suponer que estás más cerca de la muerte que de la recuperación.

Sois unos auténticos héroes, os aplaudí cada día y ahora desde lo más profundo de mi corazón con una gratitud eterna lo vuelvo a hacer, espero que os lleguen mis palabras y os den ánimo para seguir siendo como sois. Emocionado de estar vivo.

Muchísimo ánimo a todos los enfermos y familiares que sufren. Cuídense todos mucho.

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