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José A. García del Castillo

LA PLUMA Y EL DIVÁN

José A. García del Castillo

Sobre el buen mentiroso

Tramposo o mentiroso, pero "solo un poco"

Tramposo o mentiroso, pero "solo un poco"

Tanto en la vida pública como en la privada, la gestión de las palabras y las acciones pueden conllevar un alto incide de contradicciones, desajustes, incoherencias y paradojas, que influyen en la tasa de credibilidad personal y social. Una persona creíble se asocia a coherencia, ajuste y verdad, tanto en sus planteamientos como en sus comportamientos.

No obstante, una persona puede llegar a ser creíble a pesar de estar vertiendo mentiras una tras otra, sin ningún pudor. Esta paradoja no es de fácil solución, porque se basa en postulados de persuasión de corte subjetivo, que están soportados por una serie de características propias que puede tener un mentiroso experto.

Si nos basamos en los estudios del psicólogo holandés Aldert Vrij, el buen mentiroso puede, además de engañarnos, conseguir que sus mentiras sean creídas como verdades absolutas y deseables. Este investigador ha trabajado sobre una serie de características que posee el buen mentiroso de las que voy a destacar algunas.

El buen mentiroso, es un actor excelente, capaz de representar cualquier papel con soltura y elegancia. Cuenta con el don de la espontaneidad, siendo capaz de cambiar de un tema a otro con rapidez y desparpajo para aumentar su credibilidad. La confianza en sí mismo es altísima, lo que confirma su capacidad de persuasión con cualquier mentira.

Es muy elocuente, con lo que consigue confundir con su discurso a quienes lo escuchan y si se ve en una encerrona, mediante una alocución alargada puede ir pensando una estrategia de salida airosa y convincente. Es un maestro en la elaboración de la mentira, lo que le da mucha ventaja. Suele ofrecer información difícil de verificar y de esa forma confundir aún más a los interlocutores.

Por último, cuenta con mucha originalidad en sus construcciones mentirosas, utilizando giros y palabras que sorprendan a los demás. Recurre continuamente a las medias verdades y las medias mentiras, como una táctica para embarrar aún más sus planteamientos. Es un embaucador capaz de simular emociones y tiene mucho talento para la manipulación en general.

Si aplicamos estas características a nuestros insignes gobernantes, podemos entender, en parte, por qué un político que nos miente de forma descarada y sistemática, sigue teniendo credibilidad y ganando votos en unas elecciones.

Por lo tanto, es mucho más sencillo adquirir el estatus de buen mentiroso para avanzar en la política activa hasta la presidencia o la vicepresidencia de un gobierno, que ajustarse a la verdad y perder seguidores por el camino. Paradojas estúpidas de la psicología humana, que nos llevan a gobiernos indeseables.

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