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Matías Vallés

Jeff Bezos, el adiós de un vendedor de libros

Jeff Bezos dejará este año su puesto de Consejero Delegado de Amazon

Jeff Bezos dejará este año su puesto de Consejero Delegado de Amazon

Los contraejemplos de Jeff Bezos y Mark Zuckerberg desmienten la teoría de una ambición al estilo de Alejandro Magno contagiada a los magnates cibernéticos. El creador de Amazon solo pretendía montar una librería virtual a mediados de los noventa en compañía de su esposa, despejada ya de la ecuación en favor de la versión estándar del segundo cónyuge. Por las mismas fechas del cierre del siglo XX, un estudiante despechado de Harvard quiso ofender a las estudiantes de su universidad asignándoles una puntuación compartida, y el resultado se llama Facebook, aunque le cuadre mejor Fakebook.

Bezos era un simple vendedor de libros, una opción empresarial que hubiera sido olímpicamente despreciada por los alumnos de las escuelas de negocios españolas. Con su actual fortuna personal, el padre de Amazon podría comprar todos los volúmenes que se editan en el planeta cada año, aunque este capricho reduciría su cuenta corriente a 80 mil millones de euros. Frente a la furia que el gigante electrónico desata en las coquetas librerías tradicionales, es encantador el contorsionismo de las eminencias de la creación literaria, que han de defender la versión nostálgica del comercio libresco sin incomodarse con el titán que los sumiría en la oscuridad si retrasara sus obras maestras del catálogo.

El genio de Bezos no se plasma en un objeto concreto, pero ha revolucionado el comercio mundial con una influencia más vertiginosa que Steve Jobs en la restauración del diseño minimalista de Braun. La teletienda Amazon ha perfeccionado la experiencia de la compra hasta extremos que anulaban a cualquier competidor. Durante dos décadas, las firmas señeras han copiado hasta la infamia los procedimientos de Bezos, su insistencia enfermiza en involucrar al cliente en la experiencia. La apoteosis llegaría en 2020, con el virus como socio inesperado. El vendedor de libros ha contratado a más de mil personas diarias durante un año entero. Impresionante, pese a las acusaciones de esclavismo.

Bezos lo ha vendido todo, y más rápido que nadie. Ahora que los gobiernos pugnan para ralentizar la instantaneidad de Amazon, y que había trasladado el negocio del libro táctil al alquiler del ciberespacio a la CIA o a Netflix, el magnate se quita el delantal y huye literalmente de la Tierra en una nave espacial. Su empresa se había propagado a sectores ininteligibles para un tendero, la magia de su oferta interminable solo se detiene en los consejos inefectivos a su clientela. La Inteligencia Artificial ladra más de lo que muerde. 

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