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Aquel 23-F

23F: ¿Qué ha sido de sus protagonistas?

El próximo martes, 23 de febrero de 2021, se cumplirán 40 años de los hechos que desde entonces conocemos como 23-F. Tratar de explicar hoy, en un artículo en prensa, lo que ocurrió no sé si es sencillo o imposible. Voy a optar por agrupar en cinco apartados una mezcla de relato y de opinión, a ver si acierto.

Solemos referirnos a aquello como intento de golpe de Estado. Y no es exacto. Lo que unos cuantos militares y un guardia civil quisieron hacer fue un golpe de Estado, no una intentona. Técnicamente deberíamos decir golpe de Estado frustrado ya que fueron otros, no sus promotores, quienes lo impidieron.

En la sentencia definitiva del Tribunal Supremo se condenó a tres personas, Jaime Milans del Bosch, entonces teniente general; Alfonso Armada Comyn, entonces general de división; y Antonio Tejero Molina, entonces teniente coronel, a penas de 30 años, considerándolos responsables principales de lo ocurrido. Para mí esas penas fueron acertadas ya que ellos tres, con importantes matices, claro, fueron los promotores del golpe de Estado. En primera instancia el Consejo de Justicia Militar no lo entendió así ya que a Armada solo lo condenó a 6 años. La maquiavélica actuación de este señor llevó a error a ese tribunal, pero las exhaustivas investigaciones llevadas a cabo en estos años no dejan lugar a dudas: él llegó a creer que sería el líder de lo que resultase tras estos hechos, una especie de “De Gaulle” español.

La preparación no fue buena, dicho sea de manera muy amable. Lo que no podemos saber es si pudo ser de otra forma, digamos mejor. Un golpe de Estado no se monta a la luz del día, con escritos pensados y bien redactados, es impensable que sea así. Los encuentros, las conversaciones, se basan en hablar sin decir nada claro, en lanzar sobreentendidos, en guiños de complicidad. Dado que es una organización militar deberíamos entender que el más antiguo, Milans del Bosch, es quien da las instrucciones a todos los demás. Y no fue así. Tejero fue el alma del 23-F, el impulsor, el aceite que debía hacer que todo lo demás no rozase, y eso siendo un simple teniente coronel tratando de forzar a generales no fue sencillo. Y el papel de Armada, tortuoso, queriendo simular que sería más de lo que podía ser no les ayudó a preparar convenientemente lo que iban a hacer. Afortunadamente para nosotros.

La persona clave. Hacer juegos de adivinanza pretendiendo dibujar el panorama si ciertos hechos hubiesen sido de otra manera solo nos llevará a la melancolía. Dicho esto, es incontestable la afirmación que voy a hacer. Uno de ellos, el entonces coronel José Ignacio San Martín, fue decisivo, en contra de su voluntad, en el fracaso del golpe. Este señor, por un ataque de celos, por su soberbia, por querer estar en el centro de los acontecimientos, cometió un error dramático para sus intereses. Su misión era la de alejar al general Juste Fernández, primer mando de la División Acorazada, de Madrid. Tal como estaba planificado, esa mañana ellos dos se dirigían hacia Zaragoza, a inspeccionar unas maniobras de varias unidades que estaban en el Campo de Maniobras de San Gregorio. Y si lo hubiese hecho, todo habría sido distinto, mucho. Pero no pudo, y con una treta planificada con un subordinado que estaba en El Pardo, en el Cuartel General de la Unidad, a medio camino, en Medinaceli debió ser, pero terminó siendo en Santa María de Huerta, recibió un aviso que convirtió en algo muy grave, sin detallar, y convenció a su mando de la necesidad de volver. Y ese regreso fue funesto para sus intereses ya que este general será determinante en desmontar el operativo que habían urdido los golpistas para que la DAC tomase centros de poder neurálgicos en Madrid.

Dejemos a los golpistas, vayamos con quienes se les pusieron enfrente. Y hay que comenzar por el rey. Por mucho que hoy tenga una imagen muy deteriorada, de la que solo él es culpable, estudiar su papel en el 23-F nos lleva, sin duda alguna, a alabar lo que hizo. A los quince minutos de comenzado el golpe desde Zarzuela ya se estaban dando órdenes en contra. Y eso no tiene discusión alguna. Pero si hay alguien a quien hay que destacar en la Jefatura del Estado es al general Fernández Campo, verdadero cerebro de lo que se hizo en aquellas eternas diecisiete horas y media en ese palacio. Y en Madrid, epicentro de los hechos, tenemos que citar al general Quintana Lacaci, capitán general de la Primera Región, que afirmó con posterioridad que él se puso enfrente del golpe por obedecer a Franco: “sed tan leales con el rey como lo habéis sido conmigo”, y el rey me ordenó frenar el golpe. Y como estamos en Aragón, no debo olvidarme del general Pinilla, director de la Academia General Militar, que hizo de contrapeso y frenó al pro golpista Elícegui, capitán general de la 5ª Región Militar.

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