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Javier Cuervo

La expansión inmobiliaria

El presidente del Partido Popular, Pablo Casado

El presidente del Partido Popular, Pablo Casado

Pablo Casado quiere cambiar de rollo y cambia las apariencias, como los periódicos cuando rediseñan la maquetación y no la línea informativa, como los telediarios cuando compran nueva tecnología para dar viejas consignas, como cuando las bebidas que nos saturan de azúcar adelgazan su botella, como cuando los gigantes de la contaminación se pintan de verde. Casado marcha de casa para dar un portazo a la corrupción.

Génova 13 era un hogar disfuncional, lo que traumatiza, y cuando llega al juzgado da vergüenza. Pero el PP se expresa inmobiliariamente. Es su lengua. En pandemia, el partido del ladrillo, hizo propaganda china en Madrid, capital de la España del PP, con un hospital de emergencias para no contratar rastreadores Covid ni médicos estables. Todo el dinero de todos para los constructores.

La construcción ha sido su ideal de gobierno: que el Estado gaste lo que recauda en cemento, que da la felicidad. “España va bien” de Aznar era que los edificios crecieran como hongos, los precios subieran en ascensor, las hipotecas formaran cola en la notaría, los bancos estuvieran en cada esquina y los ayuntamientos gastaran lo que recaudaban con el Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI) en mobiliario urbano y en comidas de representación con alto ácido úrico.

Cuando llegó el “relaxing cup of coffe in Plaza Mayor” de Ana Botella, las casas construidas para la acomodación vecinal del creciente Madrid y para los hijos de algún jefazo, se malbarataron a fondos buitres que especularon con alquileres. Fin de la política Famaztella. El PP es idealista como la realidad del portal por el que se entra a más casas en España.

La sede negra de la obra hecha con dinero B de victoria, el balcón de los éxitos, las sonrisas desbocadas y los sobacos al viento quedó con sus miserias a la vista cuando Bárcenas, como Ibáñez, le quitó la fachada: Génova 13 del Percebe.

Casa nueva, vida nueva, buen capitoné. Mude y múdese, Casado, y mute para crear defensas contra la corrupción que lo necesita el país.

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