Hace unos días, en visita a nuestra ciudad, el president de la Generalitat, Ximo Puig, prometió que aquí se instalaría la Agencia Valenciana de Protección del Territorio. Es un organismo de nueva creación, dependiente de la Consellería de Política Territorial, y que tiene como misión fundamental la coordinación con los Ayuntamientos, en el tema del cumplimiento de la legalidad urbanística, así como con la nueva normativa sobre minimización de impactos en este ámbito, algo de lo que en Elx, y especialmente en el ámbito rural, hay múltiples casos.

Puede ser una actividad muy interesante y, si funciona como debe, será un instrumento para facilitar tareas a muchos ayuntamientos incapaces, por sí solos, de gestionar correctamente este tema. En todo el territorio valenciano se cuentan por decenas de miles las construcciones, en viviendas, naves industriales, hostelería, etc. que se encuentran sin regularizar y, en muchos casos, desde hace décadas. Si esta Agencia trabaja como debe y no se convierte en otro «chiringuito» de los muchos que, históricamente, se han creado en el País Valenciano para aparentar y recolocar afines, bienvenida sea ya que faena tendrá.

En todo caso, y ha sido lo noticiable, que se haya elegido Elx para su ubicación debe alegrarnos. Es cierto que tenemos un gran término municipal y con una gran problemática en este aspecto. Sin duda es una decisión acertada.

Ahora hay que esperar que empiece a funcionar y responda a las expectativas creadas. Lamentablemente, la experiencia en estos temas nos dice que es fácil prometer y difícil cumplir. Y en Elx tenemos múltiples ejemplos de ello y con el mismo protagonista. Ximo Puig ha sido el primer president (y han pasado tres del PP antes que él) en reconocer la injusticia que se hizo con Elx en el tema de los terrenos de la Universidad. Y cifró el expolio en 43 millones de euros hace casi tres años. Fantástico. El problema es cómo concretar esa deuda pendiente. Se dice que se está preparando, que se tiene en cuenta, que se está redactando un protocolo (y desde hace dos años, debe ser largo), etc. Y, el otro día, cuando anunció esta nueva promesa y se le preguntó por la otra, soltó tantos balones fuera que hasta hubo que contratar recogepelotas de tantos que había. Ni siquiera se pudo concretar si saben ya qué hacer con el antiguo edificio de Correos, que la Generalitat compró y que se dijo que sería la primera compensación de la deuda (aunque, curiosamente, lo pusieron a su nombre para ser una compensación). Ahora, para disimular la situación y ganar tiempo, han creado una comisión.

Esta nueva Agencia en Elx se ha dicho que se quiere inaugurar antes de final de año y que puede llegar a 35 funcionarios. Ya se verá. Apostar por la descentralización de las instituciones es, cada vez, más necesario. El propio Puig, hace unos meses, planteaba el llamado «efecto aspiradora» que ejerce Madrid como capital de un Estado que debería dar más participación a otros territorios en la representación institucional del mismo. Por no hablar del evidente «dumping» fiscal con el que juega.

El problema es que a ningún poder le gusta descentralizar. A título de anécdota siempre se cita el ejemplo del Instituto Oceanográfico del Estado que está en Madrid, con la cantidad de costa que tiene España. Aunque igual podría citarse el caso de que la Consellería de Turismo o su Agencia siempre han estado en Valencia, y no en Benidorm. Incluso cuando recientemente se creó la Agencia Valenciana de la Innovación y, de nuevo Ximo Puig, prometió que su sede estaría en Alicante, al poco ya se planteó otra sede paralela en Valencia que es la que, al final lleva el peso del tema, aunque formalmente la sede y hasta la Consellería figuren en Alicante.

En nuestro caso, el Ayuntamiento debe estar atento al tema y asegurar que las promesas se cumplan y respondan a las expectativas, y continuar recordando lo que sigue pendiente. Reconocerlo es importante y cumplir aún más.