Opinión | Con todos mis respetos
Las torres contra el parque

Parque de Doña Sinforosa en Torrevieja
Mi vinculación con Torrevieja es muy anterior a mi actual condición de representante política, y al igual que me sucede con las personas, quiero también a las ciudades que me han acogido a lo largo de mi vida, porque atesoran recuerdos y vivencias de un largo camino compartido. Si los políticos amásemos de verdad a nuestras ciudades posiblemente no seríamos víctimas de los mares de cemento que hemos heredado debido a una especulación desorbitada y desordenada del negocio a corto plazo que ha hipotecado en muchos casos el futuro. No se trata de criticar el desarrollo urbanístico racional y sostenible, sino de conseguir un equilibrio razonado y razonable entre éste y el respeto al medio ambiente y al entorno paisajístico. Cabe preguntarse si el crecimiento que no implica un verdadero beneficio para la ciudadanía es, en realidad, desarrollo para todos o sólo negocio para unos pocos. Lamentablemente, no podemos cambiar el pasado, pero sí procurar no repetir los errores. Leo con tristeza y cierta indignación que el Ayuntamiento de esta localidad proyecta la construcción de dos torres -Las Torres Baraka- en la playa del Acequión. Dos torres de 26 plantas y 82 metros de altura que, a priori, parece un grandilocuente disparate semejante a la fiebre de los rascacielos de la primera época del desarrollo del turismo en la década de los 60. Parece que el proyecto que se ha presentado, según se recoge en este diario, plantea la eliminación del parque de Doña Sinforosa, desapareciendo el vallado y reduciendo considerablemente su zona verde.
El parque de Doña Sinforosa lleva el nombre de la propietaria de la finca original, una familia madrileña que veraneaba junto a la playa del Acequión. Este parque junto al mar es, en la actualidad, el único pulmón verde de la ciudad y una de las pocas señas de identidad que permanecen protegidas. Es de propiedad municipal y en su interior, además de plantas y arbolado centenario, alberga un templete, varias fuentes y una cantidad considerable de pájaros. Tal es su arraigo en el sentir de los y las torrevejenses que, en 1991, consiguió movilizar a la ciudadanía frente al proyecto del entonces alcalde Pedro Hernández Mateo de permitir la construcción de varios edificios. No estoy en contra de la construcción de un complejo urbanístico en ese espacio. Reconozco que el centro de Torrevieja anda escaso de oferta hotelera, pero me temo que el modelo de los enormes rascacielos no armoniza con el entorno, porque estarán a pocos metros del mar, y además los edificios de su alrededor no superan las seis o siete plantas. Por tanto, como primera reflexión me planteo: ¿No se podía haber pensado en un modelo de torres más bajas que armonizaran mejor con el entorno paisajístico existente? ¿Crecimiento? Claro que sí, pero pienso que hay que preservar el bien común y nuestro patrimonio natural, porque la promoción urbanística no debería estar reñida con el equilibrio ni con la racionalidad.
En 2010, con mayoría absoluta del PP en el Ayuntamiento y en el Consell, se modificó el PGOU que autorizaba la edificación respetando, eso sí, la zona verde de titularidad pública conocida como el parque de Doña Sinforosa. Parece que en 2016 hubo otra modificación puntual que respetaba íntegramente el parque, pero hace un mes nos sorprendía la noticia de que la frondosidad del parque puede dificultar las vistas al mar desde las torres, de manera que sobran arbolado y parque, que se borran para integrarse en la nueva construcción. Según parece, se argumenta que el proyecto presentado no puede garantizar la totalidad del arbolado: “se garantizará el arbolado en la medida de lo posible”, pero no se precisa el alcance de “lo posible”. Tampoco se mantiene el templete, que será “remodelado”, pero sin mayor precisión, de manera que no sabemos si la “remodelación” aspirará a entrar en algún catálogo de arquitectura moderna, o sólo se le dará una manita de pintura respetando su aspecto original. La segunda reflexión que me viene a la mente es: si se trata de un parque municipal, patrimonio del común, ¿Cómo se justifica “integrar” una zona verde pública en un complejo urbanístico privado? ¿Por qué esta cesión a una empresa privada de algo que pertenece a los y las torrevejenses?
Parece que el proyecto incluye también un área comercial en los sótanos de las torres. Sería deseable que esta iniciativa no castigase todavía más al comercio del centro de Torrevieja que ya se vio afectado por la apertura del centro comercial La Zenia. ¿Tienen algún plan el alcalde y el consistorio para revitalizar el centro? ¿Cuál es el proyecto de ciudad que tiene el equipo de gobierno para Torrevieja? La ciudad ha crecido bajo el largo mandato -más de veinte años- de Pedro Hernández Mateo, Eduardo Dolón formó parte de su equipo. El resultado es una ciudad que ha crecido sin orden, sin cohesión y sin proyecto estético, explotada por el boom inmobiliario. Torrevieja es la quinta ciudad en número de habitantes de la CV y la tercera de la provincia de Alicante, con un gran potencial, pero en la que también hay un mosaico en el que convive gente adinerada con grandes bolsas de pobreza. Es, además, una de las ciudades del país con menor inversión social por parte de su ayuntamiento, cuando cuenta con mucha población mayor y personas que viven en condiciones de vulnerabilidad. Me gustaría estar equivocada y ser más optimista, pero el Ayuntamiento y quien ostenta hoy la vara de mando deberían velar para que el desarrollo urbanístico repercutiese en la mejora de la vida de sus conciudadanos. Como decía Jorge Olcina en un reciente artículo: “El territorio no puede ser el espacio donde todo es posible ni donde reina el urbanismo depredador”. ¿Queda esperanza de salvar el parque y la ciudad de la especulación sin medida? Es Torrevieja un espejo donde se reflejan las decisiones de sus gobernantes, y con sus aciertos y desaciertos queda configurada la ciudad para la posteridad. Es el sino de los tiempos, pero a pesar de ello, la ciudad está viva, nos invita y nos acoge con amabilidad, porque Torrevieja es un buen lugar para vivir y veranear. Se lo dice una servidora que empezó a festear, apenas asomada a la adolescencia, en la playa del Cura.
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