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Mauri

Un país trastornado

Lluís Mauri

Periodista

Locura y populismo

Inés Arrimadas, en una fotografía de archivo.

Inés Arrimadas, en una fotografía de archivo.

La perturbación de la salud mental individual es una desgracia. Si el trastorno afecta a una colectividad, es una catástrofe. Cuando adquiere dimensión institucional, entonces es una aberración. 

Un año después, el 30% de la población está sufriendo algún trastorno mental causado por la acometida sanitaria, económica y social de la pandemia: insomnio, ansiedad, depresión, miedo, estrés postraumático. La depresión se triplicó en Catalunya en 2020. La ansiedad se cuadruplicó. También el trabajo en las unidades hospitalarias de psiquiatría pediátrica.

Mientras la ciudadanía intenta lidiar con estos parámetros y otros no menos dolientes, como los estragos en el empleo y en las empresas o la enervante espera del turno de vacunación, la política decide entregarse al desvarío. 

Ciudadanos quedó herido de gravedad por la osada torpeza estratégica de Rivera. Un año y medio después, su sucesora, Arrimadas, puede haberse cavado la fosa con la chapucería de Murcia. Arrimadas pretendía cobrarse varias piezas de un solo disparo: ganar una presidencia regional y alguna alcaldía; subrayar la condición centrista de Cs como partido capaz de pactar a diestra y siniestra; arrinconar al PP en la esquina de Vox, y colocarse en posición de relevo de ERC en la orla que da estabilidad al Gobierno de Sánchez, pese al rechazo de Podemos. En lugar de eso, Ciudadanos ha sido desalojado de los gobiernos de Murcia y Madrid, y Arrimadas se asemeja mucho en este momento a un cadáver político andante.

En el PP, Casado da su enésimo tropiezo. Adiós, de nuevo, al plan de moderación de la línea ideológica del partido. Ayuso tiene sus propios planes y, sobre todo, una ambición. El error de Arrimadas en Murcia le brinda a Ayuso el pretexto que ansiaba para adelantar las elecciones en Madrid (a expensas de la decisión de la justicia) y fagocitar a Cs. Alcanzar la mayoría absoluta siempre es un objetivo, pero se antoja más realista gobernar con la única dependencia de la extrema derecha, lo cual no le supone una especial incomodidad a Ayuso. Si le sale bien, se anotará un triunfo personal y la estación siguiente será el liderazgo nacional del PP. Si le sale mal, no le resultará complicado endosarle el fracaso a Casado. Este pierde, se ponga como se ponga.

El laboratorio de la Moncloa también se ha cubierto de gloria con el fiasco murciano. Con ERC aprisionada en el bucle procesista por la renovada alianza con los irredentos de Puigdemont, le convenía un caballo de repuesto en el Congreso. Esto, con Cs convulsionando, va a ser ahora mucho más difícil. Suerte tiene Sánchez de tener Presupuestos para agotar la legislatura. Pero, cuidado, esto no le garantiza la estabilidad imprescindible para la necesaria recuperación.

Abascal se relame en su esquina. Sabe que este juego demente de tacticismo indigente y transfuguismo de doble dirección en medio de una emergencia social jamás vista desacredita la democracia y, en consecuencia, le beneficia a él. Locura institucional y populismo de manual.  

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