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Francisco Esquivel

¡Qué bien, qué bien con Isabel!

Isabel Díaz Ayuso.

Isabel Díaz Ayuso.

Joder, cómo se presenta el derbi, ¡Dios mío! El campañón se cerrará lógicamente el 2 de mayo. Qué menos. Desde su pijo parcela tuitera, Figo ha entrado en juego al grito de «¡A por ellos y a por la libertad!» y queda que lo haga Pepe Reina, más escorado a la banda derecha. Como se le ocurra salir al ritmo de «¡Camarero, una de..!» es capaz de apuntarse Millán Astray marcándose un chotis en el plató de «Al rojo vivo». Y no descarten que, al final, Aguado opte por...«La isla de las tentaciones». Menudo ardor se ha generado.

Para su primer cara a cara, Iglesias eligió «El intermedio» donde compareció serio, pero que muy serio ante la amenaza ayusera después de haberse puesto chistoso con uno de los mayores dolores que atraviesa al Estado que vicepreside por un mísero puñado de votos indepes o así. Y claro, en el primer acercamiento, Íñigo le ha dicho tararí que te vi dejándole caer la candidata de su formación al personaje que «Madrid no es una serie de Netflix». Son tantas las que mezcla que, como ha demostrado en su breve paso por el Gobierno, confunde los planos.

Aquí está dejándose jirones hasta el apuntador, incluído Toni Cantó, escurridizo donde los haya. Encabezando la lista de upeydé por Valencia, abandonó en puertas de las autonómicas de 2015, le preguntaron si se iba para no quemarse a fin de pasarse a Ciudadanos y respondió que qué se habían creído, que él no hacía eso. Hoy se especula con el pepé, previo paso a Vox quizá, y con su retorno a los escenarios. En fin qué culpa tendrá el teatro.

Y luego está Ayuso, la reina de la puesta en escena. Más que luego, en cada instante. Tan intensa, tan provocadora, tan elemental, querido Watson. Su jefe, por llamarlo de algún modo, debe pensar que como le salga mal la jugada, ojú, y que como le salga de perlas, ofú. El duelo entre la galana y el del moño resulta tan imprevisible que puede aupar a Gabilondo a lo más alto del podio sin comerlo ni beberlo y, bueno, tendría su gracia. Algo más meritorio, desde luego, no se me ocurre.

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