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Antonio Sempere

Siquiera un pasodoble

Siquiera un pasodoble

Siquiera un pasodoble

Llegadas las fechas señaladas, necesitamos un pasodoble. Siquiera un pasodoble que nos recuerde que no son unos días cualesquiera en el calendario. Que están marcados a fuego. Porque nuestros mayores así nos los legaron. Y sólo una terrible guerra civil y ahora una maldita pandemia nos los han arrebatado.

Cuidado, que no hablamos de aglomeración sino de celebración. Y una tan distinguida y capaz de erizarnos la piel como lo son los moros y cristianos. No hablamos de botellón, de marcha pura y dura; que eso vino mucho después. Además, si nos ponemos estrictos cualquier jornada de tardeo hay mucha más concentración de personas que la que encontraríamos en una diana festera, tan milimétricamente ordenada.

Sin ser en absoluto negacionista, no alcanzo a entender que ahora que ha estallado la primavera, llegadas las fechas señaladas, una banda de música no cruce las calles de Petrer y Elda en el Vinalopó, también de Alcoi, Muro, Banyeres de Mariola y Biar, interpretando ese pasodoble dianero que, cuando todavía estás en el duermevela, te retrotrae a tantas historias de tu niñez. Sólo quien lo vivió lo sabe.

Claro, que para eso hay que tener cierto poso y sentimiento. Cuando en los primeros ochenta el alcalde Lassaletta trató de recuperar las fiestas en el centro, no se sabía si eran moros quienes esquivaban los autobuses por la avenida de Alfonso el Sabio o los autobuses quienes trataban de esquivar a los cristianos. Así no.

Hablando de las recién aplazadas Hogueras, tampoco estaría mal que sonasen algunas de esas deliciosas composiciones fogueriles en torno a San Juan. Entre la multitud de la mascletá y la nada hay un término medio. Siquiera un pasodoble. Sanaría a los vivos y homenajearía a los que ya no están con nosotros.

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