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Marc Llorente

¡Qué calvario!

María Dolores de Cospedal.

María Dolores de Cospedal.

Eso de decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad no va con algunos, pese a que presuman de ser católicos en el nombre de Dios. Menos mal que estas personas tienen otra atípica Semana Santa para arrepentirse y darse golpes de pecho. Aznar, Rajoy, Cospedal, Acebes, Arenas o Trillo se santiguan y van con los pies descalzos por el pasillo de su hogar, dulce hogar, a fin de hacer penitencia y redimirse.

Ya que tampoco puede desfilar por la calle, María Dolores se pone la mantilla y la peineta. Apaga la luz y lleva un cirio pretendiendo convencerse más de que la contabilidad B de los populares es un simple cuento que jamás existió. Todos ellos rezan en voz alta: «Perdona nuestras ofensas, Señor, aunque nosotros no perdonamos a quienes nos sacan los colores, y no tendrías que habernos dejado caer en la tentación de las mordidas para la financiación irregular, a cambio de adjudicaciones de contratos, y los sobresueldos. Amén. ¿Se puede mentir gratis en estas condiciones, si es que así es?

Claman al cielo porque los papeles de Bárcenas, que no eran solo suyos y que les incriminan, son «falsos». Un «delirio» de ese señor al que usted se refiere. Y se flagelan la espalda para aliviar el pecado de mentir con mascarilla (sin dar la cara) o sin ella, como M. Rajoy, desde su casa, ante la Audiencia Nacional. ¡Bien! Si la contabilidad paralela ha sido una trama contra el PP, deberían haber denunciado ese complot (no con aquella simple foto familiar) entre policías, peritos, fiscales, tribunales y medios de comunicación, que pretende cortar el aire al partido y pervertir el sistema democrático.

Es lógico que echen balones fuera, que miren al tendido y se hagan los despistados con vehemencia para disimular mejor. Cuando lleguen las conclusiones, lo dicho (o no dicho) por estos personajes chocará de frente con lo que está acreditado y sentenciado por el Tribunal Supremo. ¿Qué ocurrirá entonces? El culebrón continúa. Muy despacio. Pero tiene más entregas sobre la presunta corrupción que hizo nido en el grupo y en sus principales dirigentes. Sigue el viacrucis. ¡Qué cruz!

Algunos viven o prefieren vivir en otra realidad inventada hasta el punto de creerse sus propias mentiras con tal de no reconocer hechos palpables. «Falso de toda falsedad», según el expresidente Rajoy. El que ya dijo que «todo es falso salvo alguna cosa». Es «metafísicamente imposible» que este hombre destruyera unos papeles porque, lisa y llanamente, la verdad judicial no es verdad. Y punto.

Los comediantes abundan en este gran teatro de la política. Declaman enfáticamente o con torpeza. Carecen de credibilidad y se les nota demasiado el truco como a los peores magos. Hemos visto algunos ejemplos que no son ninguna novedad, pero nunca dejan de sorprender cada vez que mueven la lengua en cualquier escenario. Hay más. Ya saben que a Toni Cantó le ha fichado Díaz Ayuso, dos magníficos ejemplares de nuestra fauna ibérica.

El actor-político mete la nariz en un nuevo montaje sin ningún pudor y cobrando nómina. Salta de un lado a otro tras alabar las grandes virtudes de la presidenta madrileña y dar la espalda a Arrimadas, y la otra le atrapa en sus brazos para caminar juntos hacia el éxito electoral-teatral. Cantó dejará de contar lo de la corrupción del PP y continuará cantando bulos contra la izquierda. Y los dos seguirán metiendo la gamba con sus indiscriminados y ridículos ataques al PSOE y a Unidas Podemos. Ahora con capirotes de Semana Santa, mientras la población madrileña va camino del Calvario y aplaude.            

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