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Marc Llorente

Vigilantes de la democracia

Pablo Iglesias.

Pablo Iglesias.

Estados Unidos, lugar de residencia de la Estatua de la Libertad (obsequio francés de 1886), publica su informe anual sobre los derechos humanos en todo el mundo. La prueba del algodón que se detiene en cada país a echar un vistazo. De tal forma, los vigilantes de la democracia observan con lupa a los demás, no siempre con la mayor certeza, pero no se miran en el espejo. Se habla de ataques verbales del Ejecutivo de Sánchez a medios de comunicación, poniendo el énfasis en el exvicepresidente segundo Pablo Iglesias.

Como es público y notorio, los comentarios en ese aspecto se dirigen exclusivamente a quienes se dedican a organizar montajes, mentir, manipular o contar medias verdades contra él y Unidas Podemos. La libertad de prensa que enarbolan algunos, en este sentido, está muy mal utilizada con sucios fines por cuestiones ideológicas. ¿Quién es el verdadero atacante, el que intenta defenderse o el que ataca con premeditación y nocturnidad, casi impunemente?

Por otra parte, decir que los medios conservadores (o los más ultras) agitan la sociedad cada vez que la derecha pierde el poder, es la pura y simple verdad. ¿Qué otra cosa hace, además, la derecha extrema y la extrema derecha que no sea eso? Levantar sospechas sistemáticas, no fehacientes, que acusan de financiación irregular al partido de Iglesias o de otras cuestiones no documentadas, es «ofender la dignidad del periodismo», según afirmó el actual candidato a presidir la Comunidad de Madrid.

Insinuar cualquier cuestión relacionada con la «corrupción» de Podemos y eludir los auténticos casos que afectan al PP es sencillamente de risa. Trump ya no preside aquel país, pero le ha metido a Joe Biden un gol a distancia. El actual Departamento de Estado debería estar más atento a la jugada y no dejarse llevar por los coletazos del trumpismo, ni por declaraciones y denuncias de organizaciones sociales de discutible reputación.

Imaginen lo que ha hecho Casado al conocer el tendencioso informe. Soltar más bombas sin pies ni cabeza contra el Gobierno de coalición y pedir explicaciones. ¿De qué ataques a la prensa habla? ¿Esto es violencia y acoso contra la libertad de expresión? La inercia de la administración Trump, decíamos, especialista en pisotear los derechos humanos, se permite el lujo de falsear claramente la realidad con el beneplácito de un todavía despistado Biden, y a ello se apuntan los palos de ciego de los populares. Esto no significa, y no por las restricciones provocadas por la pandemia, que en nuestro país no haya que mejorar mucho en asuntos democráticos y de derechos, cosa que al PP le importa más bien poco.

El nuevo presidente lleva cuatro meses en el sillón y tiene una amplia tarea para superar la oscura herencia de los cuatro años de trumpadas con graves violaciones de los derechos humanos. Las políticas del anterior inquilino, en pro de la libertad mal entendida, han dejado los derechos socioeconómicos en la cuneta, contribuyendo a las grandes desigualdades. Estados Unidos, que presume y tira de las orejas a los demás, tiene la quinta tasa de pobreza más alta entre los países miembros de la OCDE (Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos), con la inseguridad alimentaria que eso conlleva en la infancia. Recuerden el asalto al Capitolio que Trump alentó el pasado mes de enero, y vean ahora los lodos que han podido traer aquellos polvos con un atentado no se sabe si relacionado con terrorismo.

Las causas progresistas son nulas allí. Los trabajadores pobres, el noqueado derecho a la salud de casi 30 millones de estadounidenses sin seguro médico, o la inseguridad social de la clase trabajadora. Algo parecido se puede decir de la educación pública. Unas realidades que la mayoría no ve como violaciones. El efecto devastador parece que no importa. Ni tampoco que grupos de presión obsequien miles de millones de dólares a políticos y comités de acción gubernamental para que nada cambie. ¿Qué irá haciendo Joe Biden, más allá de las palabras, en favor de la «dignidad y el valor de la persona», según la Carta de las Naciones Unidas? Así, Estados Unidos debe controlar mejor su informe sobre los derechos mundiales y ver la viga en su propio ojo. Porque la antorcha de la estatua, como símbolo de luz, libertad y progreso, está notablemente fundida.    

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