Opinión
Provocación
No saben que la Agrupación Nacional, el equivalente francés a Vox, ha hecho fortuna precisamente en esos caladeros de votos

La Policía Nacional carga contra los manifestantes congregados en Vallecas para protestar por el acto de precampaña de Vox. EFE
El horizonte retrocede a medida que avanzamos en la vida. Pero los españoles lo hacemos, especialmente en los tiempos que corren, frenados por un viento que sopla en la cara y que generalmente atribuimos, entre todos los infortunios habidos y por haber, a la tendencia cainita que nos hace enfrentarnos unos a otros, en vez de preocuparnos por convivir civilizadamente defendiendo cada cual sus ideas sin necesidad de agredir al prójimo. Tenemos por la historia todavía reciente un diagnóstico claro de las consecuencias que acarrean nuestros peores instintos y no sabemos, sin embargo, cómo remediarlo. Ciertos políticos aprovechan, además, con frecuencia ese caldo de cultivo venenoso para incitar al odio, rentabilizándolo, en vez de frenarlo. Vamos siempre demasiado lejos en la vana aspiración de creernos mejores que los semejantes. La izquierda es un ejemplo de ello, predicando una superioridad moral, que no se sostiene ni se explica, frente a su adversario de las urnas.
La batalla planteada por los radicales antisistema y los grupos extremistas que reventaron el mitin de Vox en Vallecas, agrediendo a los participantes y a los agentes de la Policía, ha sido vista por el propio líder de Podemos como una “provocación” por parte del partido de Abascal. De modo que los que lanzan piedras y boicotean responden a la “instigación” de los que pretenden simplemente pronunciarse, porque al parecer no pueden hacerlo en un barrio considerado obrero. No saben que la Agrupación Nacional, el equivalente francés a Vox, ha hecho fortuna precisamente en esos caladeros de votos.
Imagínense la historia al revés, que grupos incontrolados de extrema derecha hubiesen tratado de impedir a Pablo Iglesias intervenir ante los suyos. Entonces no hubiera sido simplemente un altercado callejero sin más, sino un grave acto de violencia antidemocrático y fascista. El problema es que hace tiempo que el fascismo ha elegido para ocultarse distintas braguetas convirtiéndose en un frenesí sexual para tullidos mentales de cualquier especie incapaces de tolerar a quienes no piensan igual.
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