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Vicente Magro Servet

La presión psicológica ante el covid

Dos mujeres con mascarilla en la playa.

Dos mujeres con mascarilla en la playa.

Tenemos que ser y estar muy fuertes psicológicamente para afrontar todo lo que nos está pasando. Porque a cada noticia nueva y buena le viene detrás de inmediato siempre otra mala, como acaba de ocurrir con los problemas ante otra vacuna que augura un retraso en el proceso de vacunación. Así, el paso de los días va provocando distintas noticias sobre la única solución que existe ante este problema como lo es la marcha del proceso de vacunación, porque es altísimo el deseo de todos los ciudadanos, que llega a convertirse, por razones obvias, hasta en ansiedad, de que termine cuanto antes esta pesadilla. Sin embargo, sigue costando ver el final del túnel porque las expectativas positivas se truncan cuando se plantean dudas sobre algunas vacunas que retrasan las perspectivas de inmunización.

Además, todo se nos convierte en un auténtico Déjà vu, que es un tipo de paramnesia del reconocimiento de alguna experiencia que se siente como si se hubiera vivido previamente, y que en este caso lo es realmente porque lo hemos vivido. Recordemos que ahora hace un año estábamos encerrados aplaudiendo la gran actividad que han llevado a cabo nuestros sanitarios, y que un año después vamos ya por la cuarta ola. Por ello, desde aquél 15 de marzo de 2020 son ya 13 los meses que se llevan con la crisis del coronavirus, y resulta evidente que provoca un brutal desgaste psicológico en el ciudadano que es difícil de sobrellevar, porque resulta muy duro ver todo lo que ha pasado. La elevada pérdida de vidas que se han producido de personas a las que no les tocaba el turno de dejar esta vida, pero que este maldito virus se los ha llevado sin posibilidad de que sus familiares y ellos mismos se puedan despedir, convirtiéndolo en la muerte más trágica que puede vivir el ser humano en soledad y sin poder decir adiós a los suyos.

Por ello, el deterioro psicológico es otra grave enfermedad que ha provocado el virus y que en muchos casos aparecerá cuando esto termine. Así las cosas, la transmisión de ideas positivas y el esfuerzo y ayuda grupal y colectivo es más importante que nunca para seguir insistiendo en cumplir las medidas restrictivas que se imponen por la Administración para que el problema se arregle entre todos, y no solamente entre algunos.

Es evidente, en consecuencia, que el desgaste psicológico está siendo uno de los factores que más daño está provocando por la prolongación de esta situación y el retraso constante de las fechas en que se puede llegar a la solución del problema. Pero los pasos hay que darlos firmes, y no de forma apresurada para evitar fallos en el camino que provoquen más daños que soluciones, y la prudencia es necesaria cuando se detectan problemas en el proceso de vacunación también. Pero lo que está claro es que ese desgaste psicológico es lo que más está notando la población, y se aprecia en el carácter y en las reacciones de muchos ciudadanos que no se acostumbran, lógicamente, a estar sometidos a las restricciones constantes. Y ello, porque la prolongación en el tiempo y las dudas existentes es lo que provoca la presión psicológica derivada de los trece meses de incertidumbre ante una pandemia que era desconocida, y, además, imprevisible.

Por todo ello, es preciso fortalecer los ánimos y acogernos a las noticias que sean positivas, confiar en el esfuerzo de todos los responsables y mantener la solidaridad en el cumplimiento de las obligaciones que impone la Administración para que el problema se solucione cuanto antes, y no sean los ciudadanos los que pongan más trabas en el camino de la solución del problema. Porque se ha visto que existe un sector de la población que colabora más con el virus que el daño efectivo y real que está causando el mismo, y le ayuda constantemente a que la solución del problema se retrase.

Está claro que si no fuera por esa insolidaridad que algunos han practicado, el final del túnel se vería más cerca. Pero la negativa a cumplir las órdenes de ponerse bien la mascarilla por la calle, (se sigue viendo a gente sin ella o mal puesta, lo que es increíble viendo lo que está pasando), utilizarla en todos los lugares, incumplir el toque de queda y participar en reuniones no permitidas ha provocado, junto a la existencia de las cepas, que la solución del problema se siga retrasando.

Por ello, es preciso seguir confiando en la responsabilidad de los encargados de solucionar el problema, buscando dar los pasos correctos, así como la ayuda de la solidaridad de todos los ciudadanos y la fortaleza psicológica que hay que seguir manteniendo, pese a la ansiedad que esto provoca, para, entre todos, acabar con el maldito problema del coronavirus y despertar de esta pesadilla tan larga y dañina.

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