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María Pomares

El optimismo no es suficiente

Playas vacías en Benidorm, buque insignia del turismo en la Marina Baixa, donde se han producido más cierres de empresas

Playas vacías en Benidorm, buque insignia del turismo en la Marina Baixa, donde se han producido más cierres de empresas

Las restricciones impuestas para contener la pandemia han venido acompañadas de una caída generalizada del consumo y, por tanto, de la facturación de las empresas. Incluso el sector agroalimentario ha comenzado a dar síntomas de atonía en cuanto a ventas al exterior.

Sin embargo, los tiempos que nos han tocado vivir están haciendo bueno en esta provincia ese dicho de que las desgracias nunca vienen solas. El turismo ya lo sufrió en plena primera ola del covid cuando a algún que otro responsable político le dio por echar por tierra el modelo turístico de la provincia. Sin embargo, a partir de ahí, todo se ha precipitado.

El precio del plástico ha experimentado una brutal subida del 60% desde el inicio de este año y está poniendo contra las cuerdas a cerca de 350 firmas del sector de la transformación y del juguete. Los promotores aún se siguen enfrentando en ciertos puntos de la provincia a bloqueos y retrasos que en algunos casos superan el año y medio.

El calzado -ese sector que tanto se puso como ejemplo durante la anterior crisis- no sólo sigue fuera hoy por hoy de cualquier línea de ayudas sino que, por si tuviera poco, ahora ve cómo se cancelan el 30% de los pedidos en Estados Unidos ante la amenaza de que los aranceles se disparen un 25%. Y, encima, el Ministerio para la Transición Ecológica plantea con el apoyo del Consejo Nacional del Agua un recorte al Tajo-Segura de 80 hm3, lo que se sumaría a la posible reducción a medio plazo de 70 hm3 más por los caudales ecológicos, lo que restringiría a la mitad el trasvase.

A ver si al final va a ser verdad que llega desde Europa esa lluvia de millones a la que tanto lo han fiado todo nuestros políticos para reactivar la economía y entonces el problema es que ya no hay sectores tradicionales ni empresas que puedan acogerse a esos programas. Porque vender optimismo, y más en estos tiempos, está muy bien. Ahora, de poco sirve si detrás no hay una gestión que apuntale ese optimismo.

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